RIO DE JANEIRO, BRASIL
ESPECIAL
Por PEDRO GARAY
ENFOQUE
Siempre desde atrás. Una vida desde atrás. Las más experimentadas lo saben, sienten la mochila de años para estar en este lugar; las más jóvenes traen su desparpajo inconsciente, pero también su inexperiencia. Entre todas, el equipo femenino de vóley que hace poco más de una década era paria dentro de su propia federación, empujó para crecer paso a paso, meterse en un Juego Olímpico por primera vez en la historia y ayer, en un final para la posteridad y, una vez más, desde atrás, conseguir el primer triunfo olímpico de la historia.
Las Panteras volverán a jugar mañana a las 20:30 frente a Japón
Como siempre, nada fue fácil para este grupo que estuvo cerca de desaparecer a principios de siglo, cuando, sin financiamiento ni resultados, puertas adentro hubo un planteo serio sobre el futuro del seleccionado. La recomposición del equipo sería lenta y dura, pero cuando se conoció que Brasil sería sede olímpica y por tanto liberaría la plaza sudamericana para los Juegos de 2016, el foco se colocó en lo que podría ser una histórica clasificación.
El primer día histórico del seleccionado renacido llegó el 10 de enero de este año: en el torneo preolímpico sudamericano disputado en Bariloche, Las Panteras arrasaron para alcanzar la clasificación a Río 2016. Los Juegos mostraron al seleccionado la dureza de la elite y dieron la bienvenida olímpica al equipo dirigido por Guillermo Orduna con un triple 3-0.
“Mirando el fixture, sabíamos que había que apuntar a Camerún, quizás el más accesible. Pero las tres derrotas muy duras (Brasil, Rusia y Corea) nos tiraron un poco para abajo. No es fácil venir y que te maten, ir al otro partido y que te maten, cuando nosotras queremos demostrar nuestro juego y por qué estamos acá”, reconoció Tanya Acosta, la jugadora de Las Lobas que se desempeña en la selección olímpica y que disputó ayer un partido que fue histórico, pero que cualquier casa de apuestas hubiera dado por derrota.
Porque la presión, reconoce Tanya, “estaba, era un partido que en los papeles era nuestro”, y fue gran protagonista del cruce que habían señalado Las Panteras para lograr la primera victoria olímpica de la historia. La conciencia de la relevancia de este encuentro, de esta chance, para la historia del equipo, conspiró en los detalles que deciden todo. Errores de recepción y un nivel desparejo en defensa y ataque obligaron a Orduna a rotar buscando poner en cancha un equipo estable. A puro tesón, sin encontrar lo mejor de sí, empujaron al quinto set. Pero estaban, de repente, 10-13 abajo.
“Argentina no tiene equipos fáciles, no existen equipos improvisados”, opinó Orduna, y explicó que “se conjugaron el buen ataque de Camerún y la presión que sentimos. Con la pelota cerca de la red pasaban, tuvimos que complicarles la recepción y utilizar otros recursos”.
A tres puntos de sus rivales, que estaban a dos puntos de partido, Las Panteras parecían abrumadas por la presión que señala su entrenador. La recuperación era, desde las gradas, impensada: era derrota decretada. Pero, dentro de la cancha, con todo jugado, la presión cambió de lado: Camerún erró una, dos veces y Las Panteras, sueltas, acertaron una, dos veces. Y de repente estaban match point.
La celebración del punto final fue uno de los momentos más emotivos que vivió la delegación argentina en Río: lejos de ser un modesto resultado de fase de grupos, se trató de un triunfo que quedará anotado en los libros y, además, una demostración de perseverancia digna de una película hollywoodense.
“Me pone muy contenta como respondió el equipo, veníamos flaqueando un poco en eso. Y muy orgullosa por el cierre. Estoy muy emocionada, para nosotras ya es algo único estar acá”, contó Acosta, entrerriana pero platense “de corazón” apenas terminado el match, con los ojos enrojecidos de la emoción: era alivio y euforia a la vez lo que recorría su cuerpo.
Y debido a semejante desahogo, Las Panteras no querían dejar más el Maracanazinho: se abrazaron con los hinchas, se tomaron el tiempo para celebrar con sus familiares y fans del vóley, porque como contó la jugadora de Las Lobas, “vinieron a ver vóley femenino, en la situación en que estamos, es muy gratificante: se nota que siguen al vóley femenino, eso es muy lindo para nosotras”. “El aliento fue terrible, quería ponerme a saltar con ellos”, dijo riéndose, y contó que por eso “les di un beso uno por uno”.
“Es un golpe de energía para lo que viene, si perdíamos iba a ser difícil levantarnos a entrenar y prepararnos para jugar con Japón con la zona definida”, añadió Acosta: ahora, como analizó Clarisa Sagardía, “los Juegos no pierden el sentido”: jugarán con Japón y, de ganar, tendrán chances de alcanzar cuartos de final y llevarse a casa un diploma olímpico.
Por supuesto, poner el foco en el rival y en la chance de seguir haciendo histórica tras semejante golpe emotivo no será sencillo.
“Ahora volvemos a la Villa Olímpica y todo el tiempo hay cosas para ver, para hacer, se te cruza Phelps... es muy duro este Juego de ese lado”, aceptó Tanya, que tiene claro qué hacer: “Pero ahora hay que hacer un paso de hoja y empezar a focalizarnos en Japón”.
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