Escribe Monseñor DR. JOSE LUIS KAUFMANN
Queridos hermanos y hermanas.
¿Por qué ha sido tan importante para los cristianos, a través de los siglos, la representación del rostro de Jesús?
En el marco de la Cena Pascual, Jesús dijo a sus Apóstoles: “Si ustedes me conocen, conocerán también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto. Felipe le dijo: Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta. Jesús le respondió: Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conocen? El que me ha visto, ha visto al Padre... y yo haré todo lo que ustedes pidan en mi Nombre, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.” (Jn 14, 5 ss).
En el Antiguo Testamento, el anhelo de ver a Dios se hace plegaria y se expresa en la búsqueda de su rostro: “Mi alma tiene sed de Dios, del Dios viviente: ¿Cuándo iré a contemplar el rostro de Dios?” (Salmo 42, 3); “Porque el Señor es justo y ama la justicia, y los que son rectos verán su rostro” (Salmo 11, 7); “...yo, por tu justicia, contemplaré tu rostro, y al despertar, me saciaré de tu presencia” (Salmo 17, 15).
¿Cómo puede entenderse esta nostalgia de la visión de Dios, en una religiosidad que, al prohibir la imagen, parece excluir totalmente la visión? ¿Qué pretende el israelita cuando busca el rostro de Dios y sabe que no puede existir ninguna imagen de Él?
Precisamente se abandona la idea de la imagen, pero permanece la búsqueda del rostro de Dios. Desaparece la forma exteriorizada, la limitación y la reducción de la divinidad a objeto; pero se mantiene encendida la búsqueda del rostro de Dios.
Por lo tanto, se trata de un progreso: cesa la antigua forma cultual pagana, que había materializado y reducido a Dios a una “cosa”, y emerge su orientación más profunda, es decir: Dios es Persona, tiene un rostro.
Los cristianos también queremos ver a Dios, contemplar su rostro y expresarle nuestra adoración y gratitud. Como respuesta a esa búsqueda, san Pablo afirma que Jesús es la imagen de Dios (cf 2 Cor 4, 4).
En el Antiguo Testamento, el anhelo de ver a Dios se hace plegaria y se expresa en la búsqueda de su rostro
De hecho, la persona humana necesita sensibilizar lo espiritual, representarlo de alguna manera. Y tanto es así que las mismas palabras ya son imágenes de nuestras ideas, como las fotografías son imágenes de personas y paisajes. Esas representaciones sensibles nos ayudan a ascender a lo espiritual. De ahí la existencia legítima del recurso a las imágenes.
Es obvio que el culto debe dirigirse no a la imagen sino a Dios o, con las debidas diferencias, a la Virgen María y a los Santos, es decir a la realidad representada y no a su representación. El olvido o descuido de esto conduciría a la superstición o a la idolatría; y ese fue el peligro que en el Antiguo Testamento llevo a la prohibición de hacer representaciones de Dios.
Si nos ponemos en la presencia de Dios, Él hará brillar su rostro sobre nosotros y – a su Luz – contemplaremos la trascendencia de su Amor y buscaremos vivir en su Voluntad. En este Año Santo de la Misericordia, acudamos confiadamente a Dios para que cada uno de nosotros sepamos buscarlo incansablemente: en su Palabra, en las enseñanzas de su Iglesia, en los signos de su Amor plasmados en la naturaleza, y en nuestra conciencia.
SUSCRIBITE a esta promo especial