Luego del impacto inicial que tiene la zurdera en los primeros años de escolaridad -se trata de una condición que se revela entre los dos y los cinco años- cada persona se adapta a un mundo “diestrocéntrico” de manera bastante más sencilla aunque absolutamente personal.
El mundo de los zurdos no es glamoroso, dicen los especialistas, “no está demasiado investigado porque no es una condición médica, no es un problema de salud, no requiere de farmacología, no hay que curar a nadie: la investigación que importa para ellos la del diseño industrial, que le resuelve la vida a personas con características distintas.
En lo relativo al ámbito escolar, hasta mediados del siglo XX se intentaba reeducar la zurdera de los niños, considerada una enfermedad, obligándolos a usar la diestra.
Hoy, algo más alejados de aquel tendal de prejuicios, se sabe que no existe ninguna clase de dificultad cognitiva puntual asociada a la zurdera. Sólo, remarcó Salvarezza, se debe prestar atención para que todos los alumnos reciban las mismas condiciones de aprendizaje”.
“Está bien que el sistema educativo le pida a todos lo mismo, pero para eso, a los zurdos les tienen que dar un pupitre invertido en el que puedan escribir bien, una tijera con la que puedan cortar, un cuaderno con los márgenes dados vuelta, la posibilidad de cambiar la lapicera a tinta por birome: con igualdad de condiciones el zurdo puede lo mismo que cualquiera”, explicó.
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