En la novela “Tres veces luz”, el escritor Juan Mattio transfigura una historia real que conoció durante una breve experiencia como cronista policial para narrar el vínculo entre dos polizones -un hombre y un niño confrontados a condiciones extremas de supervivencia- en una doble operación que escarba en los aspectos brutales de la civilización y al mismo tiempo pondera la facultad de la literatura para “condensar y desplazar lo real” en detrimento del periodismo.
El primer contacto de Mattio con esta historia que luego se convertiría en el germen de su novela fue hace tres años, cuando su entonces jefe en la agencia de noticias jurídicas y policiales Infojus le encargó rastrear el caso de cuatro polizones congoleños asesinados por la tripulación de un buque de carga de ultramar que tenía como destino el puerto de Rosario.
La labor como cronista policial terminó poco antes de que Infojus y los 13 mil artículos que integraban su archivo fueron desguazados en febrero pasado por orden del Ministerio de Justicia, pero los polizones continuaron inquietando a Mattio, que decidió revisitar algunos fragmentos del relato para montar una trama que trabaja en las fronteras de los géneros y que desecha la proximidad con ese “régimen de lo inmediato” que plantea el lenguaje periodístico.
“Tres veces luz” (Negro Absoluto) integra la colección de novela negra dirigida por Juan Sasturain pero en realidad toma sólo del género aquello que lo relaciona con la enunciación de un trasfondo social que será visibilizado a medida que avance la pesquisa de la fiscal, una mujer que se rehusa sin suerte al paradigma del detective atormentado, endurecida por un padre brutal y trabajadora a destajo “porque no aprendió a amar”.
El resto de lo que descompone la novela en dos planos narrativos orbita en torno a estatuto que pone el foco en las estrategias de supervivencia de un hombre y un niño bajo un paisaje de hedores, secreciones y despojo donde no sólo se raciona la comida sino también la luz de una linterna que sólo unos minutos al día permite cotejar los cuerpos macilentos y el peso opresivo de la suciedad.
Nueve días dura la convivencia forzosa que une a los dos personajes y articula una bitácora sentimental que arranca con la desconfianza y termina con un gesto que acaso pretende conjurar la secuencia de orfandad, encierro y desamor que envuelve a todos los personajes de la novela: el foco de Mattio no está puesto en la intriga ni en la trama policial que encierra esta historia sino en la indagación entre poética y filosófica sobre los límites de la resistencia.
Al autor de “Punto ciego” -en coautoría con Kike Ferrari- le interesan las poéticas que parten de la adulteración o desfiguración de la escritura y así lo explicita en el apartado final de “Tres veces luz” (Negro Absoluto): “la materia oscura que llamamos lenguaje es incapaz de reconstruir lo real”, dice, dejando entrever la supremacía de la literatura, allí donde el periodismo se vuelve incapaz para esquivar las trampas de la literalidad.
Editorial: Negro Absoluto
Páginas: 136
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