El sábado 30 de julio, una familia de San Luis llamó a la policía para denunciar que cada fin de semana sus vecinos dejaban a un niño encerrado, quien pedía a gritos comida y agua, que ellos le alcanzaban por una ventana. El pequeño, de 7 años, se llama Mateo y, además de estar bajo llave, sus padres lo mantenían atado a una cadena empotrada en una pared, amordazado.
Estos vejámenes ya habían sido advertidos a la justicia por los docentes de las escuelas adónde asistía, pero los tribunales de menores desestimaron los pedidos de investigación y respondieron, tanto el año pasado como éste, que “el menor no corría ningún riesgo”.
Finalmente, Mateo fue rescatado y una jueza les dictó a los padres la prisión preventiva por abandono de persona doblemente agravado por resultar un grave daño a la salud de la víctima y por el vínculo y privación ilegítima de la libertad agravada por mediar violencia.
Los abogados defensores habían pedido pericias psicológicas para los padres del niño, María del Carmen García y Antonio Torres, considerando que él está “alterado psíquicamente” y la madre tiene una “deficiencia cultural”.
También el hombre entregó a la justicia su celular, aseverando que tiene fotos y filmaciones que demuestran que es su mujer la que siempre ataba a Mateo y lo golpeaba, y que él no tiene nada que ver con lo que pasaba.
Testimonios de vecinos afirman que no era la primera vez que el menor sufría este tipo de torturas a lo largo de jornadas en la que además se lo privaba de agua y comida.
En el momento en el que fue rescatado “estaba solo, encerrado, había logrado sacarse la cinta transparente con la que le habían tapado la boca, y la tenía colgada en el cuello. Con el mismo tipo de cinta le habían atado las manos, hacia adelante. Y tenía una cadena a la altura de las rodillas”, que le sujetaba las piernas”, describió un vecino.
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