Al igual que en la concepción filosófica del eterno retorno, que postula la existencia de una repetición indefinida del mundo y de sus temas, la continuidad del ciclo lectivo en las escuelas bonaerenses vuelve a estar en peligro, tal como viene ocurriendo en los últimos años. En esta oportunidad, el anuncio oficial de que no se reabrirán las paritarias, seguido de la advertencia formulada por los gremios de que sobrevendrán, entonces, nuevas medidas de protesta, no hace más que ratificar que se avecina un panorama muy conflictivo en el ámbito educativo provincial.
Si bien con el acuerdo alcanzado a inicios del año se aguardaba un desarrollo normal de las clases, los nuevos reclamos del sector docente implican de hecho una variación de aquel panorama. Tras el último paro escolar realizado días atrás, el Gobierno bonaerense aseguró ahora que se mantendrán abiertos los canales de diálogo, aunque se insistió en que no se encuentran dadas las condiciones para reabrir una nueva negociación paritaria.
Tal como se informó en estos días, desde el Frente Gremial Docente se afirmó que el aumento otorgado a principios de año ya fue licuado por la inflación, a partir de la devaluación anunciada en noviembre pasado, que se trasladó luego a los precios, entre otras de las argumentaciones y demandas esgrimidas.
Están dadas por consiguiente, como se dijo arriba, muchas de las condiciones para que el mundo educativo provincial refluya hacia otra etapa de conflictos indefinidos y de aulas cerradas para millones de estudiantes. A menos que los sectores en pugna -el Gobierno y el sector docente- encuentren fórmulas superadoras, para evitar que se concrete un nuevo descalabro educativo.
Más allá de las reivindicaciones sectoriales -muchas de ellas seguramente justas- y de las argumentaciones que invocan las autoridades, no debería soslayarse una realidad ciertamente negativa, que indica que en lugar de recuperar, tal como lo han venido instando año tras año todos los operadores del sistema educativo, se siguen perdiendo días de clase en la Provincia. Y no sólo, como se ha dicho, por las medidas de fuerza, sino por la cantidad de feriados, siempre en ascenso en los últimos ciclos escolares.
Correspondería también destacar que las preocupaciones de quienes vinieron reclamando por la necesidad de recuperar días de clase, originaron que desde el ámbito oficial se buscaran diversas alternativas que, entre otras ensayadas en ciclos anteriores, impulsaban el dictado de clases durante los días de actos escolares y jornadas institucionales, además de reducir al máximo las salidas extra-aulas de los alumnos. En tal sentido, se invitó a todos los municipios a que se suspendieran las clases en aquellas jornadas en las que se celebrara el aniversario de esas ciudades.
Sin embargo, la inactividad por las medidas de fuerza y por el verdadero festival de feriados nacionales siguió consumiéndose numerosos días de clases, con el enorme perjuicio que ello significa para millones de escolares.
Es imperativo, entonces, que los operadores educativos y las autoridades con responsabilidad en el tema realicen especiales esfuerzos para reducir en el futuro la pérdida de días de clases -que viene signando a los últimos ciclos- ya que la formación de los alumnos depende directamente de esa variable.
Garantizar la continuidad del servicio escolar debería ser una preocupación prioritaria en todos los niveles de conducción. Salvando los derechos de cada uno, lo que resulta inadmisible es que se sigan perdiendo días de clases.
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