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Jorge Elmasian

Jorge Elmasian

Por Redacción

Jorge Elmasian fue, además de un destacado odontólogo platense, un hombre íntegro que supo conjugar su solvencia y calidez profesional con una entrega sin concesiones a su familia, a la que siempre se brindó por entero.

Valorado por pacientes y colegas tanto por la aptitud con la que encaraba sus labores como por su trato atento y cordial, su fallecimiento, ocurrido a los 76 años, generó profundas muestras de dolor en distintos ámbitos.

Sus padres fueron Garabed Elmasian y Ferida Deschi, inmigrantes sirios que sobrevivieron al genocidio armenio y llegaron al país escapando de ese exterminio. Jorge nació el 28 de mayo de 1940 y compartió su infancia con sus hermanos, Elizabeth, Nelly y Víctor.

Una vez que terminó sus estudios en el Colegio Nacional se inscribió en la facultad de Odontología de la UNLP. En 1967 se graduó con la segunda camada de egresados de la -por entonces- flamante casa de estudios.

Enseguida se dedicó a la profesión de forma particular. En 1968 instaló su consultorio en calle 68 entre 2 y 3, donde atendió hasta jubilarse. Profesional intachable, quienes lo conocieron comentaron que generaba una suerte de “simbiosis” con sus pacientes, quienes siempre ponderaron la forma en que armonizaba idoneidad con sencillez y cortesía en el trato.

Durante largos años compartió el consultorio con su mujer, María L. Mastrancioli, reconocida odontóloga y docente universitaria. Con el tiempo, el espacio de calle 68 se convertiría en una clínica familiar, ya que dos de sus hijos -Natalia y Matías- se incorporaron, una vez recibidos, como odontólogos, y, poco después, se sumó también la hija menor del matrimonio -Solange- como Psicóloga.

Para José la familia siempre ocupó el primer lugar. Paciente y afectuoso, a sus hijos le transmitió los nobles valores de su crianza y lo mismo hizo con sus tres nietos, cuando el núcleo familiar se amplió con la llegada de Valentín, Maitena y Felicitas. Con ellos fue un abuelo cómplice y generoso.

Amante de la naturaleza, sentía sobretodo una enorme atracción por las plantas. Era su cable a tierra y solía pasar largas horas cuidándolas con esmero y presteza en su parque particular. Habitualmente, además, armaba macetas o arreglos florales que regalaba a sus amigos y allegados. Le gustaba, también, disfrutar de la comida armenia, arte culinario que lo remontaba a sus raíces.

En el plano institucional fue integrante de la Sociedad Odontológica de La Plata (SOLP) y del Colegio de Odontólogos Distrito 1 de la Provincia de Buenos Aires, del que fue también activo participante.

En sus últimos años luchó con tenacidad contra una larga enfermedad que, si bien lo limitaba, nunca le quitó el empuje con el que encaraba cada una de sus actividades. Por ese temple y su espíritu amigable y solidario será recordado por quienes lo conocieron y valoraron.

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