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Los principales actores de la política bonaerense transitan por una suerte de vértigo anticipado. Cada vez son más elocuentes los movimientos vinculados a la previa electoral que se traducen en gestos, reuniones y contactos reservados.
El peronismo, en sus distintas vertientes, vive por estos días jornadas plagadas de turbulencias. La carencia de una figura que aglutine y conduzca, facilita la dispersión y los juegos a dos puntas.
El denominado Grupo Esmeralda, el sector que encarnan varios intendentes del PJ bonaerense, es un claro ejemplo de lo complejo que le resulta al peronismo articular sin un líder claro.
La sola denominación del sector, que remite a la calle porteña donde funciona el búnker de Martín Insaurralde, el alcalde de Lomas de Zamora, es motivo de rispideces. Por estas horas comenzó a manifestarse una grieta bien marcada en ese armado que pretende constituirse en la representación territorial del peronismo provincial.
Hay alcaldes que no le reconocen a Insaurralde el liderazgo que la denominación del grupo y él mismo, pretende adjudicarse. No pasó desapercibida la reunión que se desarrolló en Escobar en la que participaron, por caso, varios jefes comunales de la Primera sección que articulan en el sector como el dueño de casa, Ariel Sujarchuk, Leonardo Nardini (Malvinas Argentinas) y Gustavo Menéndez (Merlo).
Esta suerte de subgrupo empezó a acercar posiciones con Walter Festa (Moreno) y Juan Ustarroz (Mercedes). El dato es que no estuvo -no fue invitado- uno de los laderos de Insaurralde en Esmeralda, Gabriel Katapodis (San Martín).
Uno de estos protagonistas de la movida de Escobar blanqueó las diferencias. “Nadie formalmente me invitó a sumarme al grupo Esmeralda”, señaló, aún cuando concurre a actos y movidas junto a Insaurralde.
Las tensiones sobrevuelan el escenario preelectoral. El ala liderada por Katopodis e Insaurralde sigue mirando al ex ministro del Interior, Florencio Randazzo. Creen que es un dirigente que bien podría representar al peronismo bonaerense en las elecciones de medio término del año que viene.
Otros jefes locales como Sujarchuk, Nardini o Menéndez, no quieren apresurar definiciones, pero observan con entusiasmo a Sergio Massa.
EL LIMITE
Hay coincidencia, no obstante, en torno de dónde no intentar acuerdos: con el ultrakirchnerismo. “Es el límite”, grafican.
Cristina Kirchner se apresta a iniciar una gira bonaerense muy demandada por su tropa, que en los últimos meses ha sufrido fugas y desencantos. Hay dirigentes que sueñan con verla compitiendo en la Provincia, pero no existen certezas de que la ex presidenta vaya a dar una pelea que la pueda mostrar derrotada: la mayoría de las encuestas la muestran reteniendo una no desdeñable adhesión que ronda el 25% en territorio bonaerense, un número interesante pero insuficiente para cantar victoria.
El kirchnerismo arrancó también el lento proceso de ver con qué formato y candidatos competirá. La foto de Cristina con Daniel Scioli pareció volver a atar el futuro del ex gobernador con quien ocupara por dos períodos consecutivos la Casa Rosada.
El sciolismo ya fantasea con Scioli senador, aunque en los corrillos del peronismo no se descarta que el elegido por Cristina, si es que no se decide a encabezar la lista, sea el intendente de Avellaneda, Jorge Ferraresi.
Sergio Massa observa con atención esos movimientos zigzagueantes. Intuye que podrá pescar en esas aguas revueltas y llevarse algunos intendentes peronistas.
En el congreso que culminó ayer en Mar del Plata, dejó varios mensajes “a quienes se desencantaron” con el proyecto K como para abrir las tranqueras de su espacio. Pero además, le apuntó a las incomodidades evidentes que exhiben sectores radicales con el gobierno nacional, a quienes invitó a sumarse al Frente Renovador.
Esa posición de la UCR frente a las administraciones de Mauricio Macri y María Eugenia Vidal no son orgánicas, pero es evidente que a no pocos radicales les cuesta digerir polémicas medidas de gobierno como los tarifazos y posiciones del propio Presidente, por caso, en relación a los Derechos Humanos.
Esa misma incomodidad radical, cuentan, habría sido uno de los motivos de análisis en una nueva y discreta cumbre que protagonizaron hace tres noches la gobernadora María Eugenia Vidal y Elisa Carrió.
Lilita habría planteado en ese cónclave que esta vez se desarrolló en la nueva residencia de Vidal cercana a la base aérea de Morón, la necesidad de contener al radicalismo, herido por la falta de espacios de relevancia en el gabinete provincial y relegado en la toma de decisiones clave como la incorporación de sectores peronistas a Cambiemos.
La mandataria ordenó armar una mesa de coordinación entre sus funcionarios y la UCR en busca de aplacar los conflictos con su principal socio. Se verá si ese esquema logra digerir lo que es una decisión tomada de parte del PRO: ir por intendentes del PJ dispuestos a ensanchar la base territorial de Cambiemos.
En ese objetivo comenzó a trabajar el futuro ministro de la Producción, Joaquín De la Torre, una de las incorporaciones rutilantes del macrismo en la Provincia. Ya hay dos alcaldes que responden a Massa en el radar del ex intendente de San Miguel.
LA CUESTION SALARIAL
Vidal, mientras tanto, se apresta a lidiar con un fin de año complejo en materia salarial. La inflación empieza a mostrar signos un poco más favorables para el oficialismo, pero las diversas proyecciones conocidas hasta el momento estiman que el año cerrará con un alza no menor al 40%.
Ese porcentaje está varios puntos por encima de la negociación que buscó poner un techo al reclamo en los empleados estatales: la paritaria docente que se cerró en un 34,6%.
Los maestros avisaron durante la semana que pasó con un paro por 24 horas que podría ser el arranque de un conflicto que acaso estalle en las próximas semanas.
En la Provincia aseguran que, hasta el momento, el acumulado de la inflación no pasó ese techo y que, por lo tanto, no se justifican ni los paros ni la reapertura de las negociaciones. Esa posición quizás no alcance para eludir lo inevitable: es altamente probable que el Estado y los gremios docentes deban revisar ese techo salarial antes de fin de año.
(*) Periodista de la sección Política
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