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Alguna vez Felisa Miceli, la ministra de Economía de Kirchner, olvidó 100 mil pesos y 30 mil dólares en el baño de su despacho. Los tenía allí, decían, para mejorar el clima de trabajo. Las instructoras de fengshui recomiendan dejar dólares en los rincones para abuenar cualquier espacio. Esos fajos iban para su casa y no se sabía de dónde venían. Tenían perfume de agradecimiento por servicios prestados, como debe ser. Nunca pudo explicar su procedencia, aunque dijo que eran billetes que le había facilitado su hermano. Manejaba tanta plata esa señora (había sido presidenta del Banco Nación) que los fajos ya eran como la prolongación de una anatomía hecha para la recaudación y el atesoramiento. No fue la única. Después, la historia se encargó de mejorar reenvíos y desparpajos. Y los dólares dejaron de ser miles para ser millones. Entre tanta plata sin origen pero con destino, a Felisa se le olvidó un paquete y como era fin de semana y no tenía ganas de volver al despacho, creyó que los custodios los encontrarían y se los entregarían. Están tan acostumbrados al retorno que no imaginan otra cosa. Al final, sin excusas, tuvo que renunciar.
Años después de aquel descuido, la vice presidenta de la República repitió como un mantra ese ritual, aunque en su residencia. Es que los políticos siempre guardan un excedente de efectivo para atender urgencias hogareñas. Y como en los cajeros hay mucha cola y mucha intemperie, son varios los que esconden billetes en casa por si el feriado les demanda algún extra de apuro.
Los dólares son queribles y pueden dar, como los buenos amores, dichas o dolores de cabeza. Ahora Gabriela Michetti anda dándole explicaciones a una población sobrada de suspicacia que se la pasa averiguando procedencias. ¿Por qué se demoró tanto en hacer la denuncia? Los ladrones aprovecharon el jolgorio del día de la asunción para cobrar su parte a cuenta de futuros repartos. Ellos también quisieron festejar en una casona que era pura alegría. Esta vez fueron 50 mil dólares y 245 mil pesos. Otra cifra. Es que los saqueadores también hacen cuenta para no perderle pisadas a la inflación y al devalúo.
Gabriela ha dicho que su novio le prestó los dólares. Así da gusto enamorarse. A este compañero pudiente y generoso habrá que devolverle billetes, garantizarle estabilidad y ponerlo en la declaración jurada.
Gabriela ha dicho que su novio le prestó los dólares. Así da gusto enamorarse. Porque el amor exige pruebas de solvencia y confianza para afirmarse como un vínculo capaz de prorratear ardores y empréstitos. A este compañero pudiente y generoso habrá que devolverle billetes, garantizarle estabilidad y ponerlo en la declaración jurada.
Los dólares siguen apareciendo y no sólo por el blanqueo que propone el gobierno. Están en aduanas, conventos, roperos, en billetes húmedos o calentitos, en cajas bancarias o a la luz del día. La Vice dijo que, como sospechaban de un custodio, decidieron que el hecho quedara en suspenso, a la espera de que el traidor se arrepintiera y los devuelva. Pero no hay caso, los arrepentidos escasean entre tanta culpa suelta. Y por más que quisieron guardar el secreto, al final, como todo se supo, aparecieron donaciones, préstamos y colectas para ajustar un cuadro defensivo que ha sembrado dudas entre un gentío que en cada bolso ve un olvido.
El destino nos une y el amor nos separa”, decía un viejo bolero. Miceli-Michetti. A estas dos mujeres con poder hoy las unen pérdidas y custodios. A una, porque le aparecieron dólares. Y a la otra, porque le desaparecieron.
Como lo del custodio se demora mucho, el fiscal Marijuán llamó a los perros junta dólares para que vayan a olfatear novios y cajones. Quiere saber qué hay detrás de este robo oculto, un ilícito que, para suerte del ladrón, no salió nunca a la luz, porque de oscuridades y explicaciones están hechos los ahorros de los altos mandos.
“El destino nos une y el amor nos separa”, dice un viejo bolero. Miceli-Michetti. A estas dos mujeres con poder hoy las unen pérdidas y custodios. A una, porque le aparecieron dólares. Y a la otra, porque le desaparecieron. Las dos han tenido que abrir el monedero y la memoria para explicar lo del prevaricato termosellado, las transferencias dudosas y lo de hermanos y parejas prestamistas. Hay que cuidarse de los que nos cuidan. Gabriela debe estar atenta. Porque los custodios empiezan por llevarse los ahorros y al final van a querer quedarse hasta con el novio.
(*) Periodista y crítico de cine
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