RIO DE JANEIRO, BRASIL
ESPECIAL
Por PEDRO GARAY
ENTREVISTA
El equipo de K4 500, compuesto por la ensenadense Sabrina Ameghino, junto a Brenda Rojas, Alexandra Keresztesi y Magdalena Garro, se mudó el pasado viernes a la Villa, pero pasó un par de semanas en Río “residiendo” en el complejo de condominios Nova Ipanema, haciendo los ajustes finales para el inicio de la competencia olímpicas.
Las cuatro que cosecharon la medalla de bronce en los Juegos Panamericanos de Toronto 2015 y continuaron escribiendo la historia al conseguir la plaza olímpica en el Mundial de Milan... Así vivieron una previa alejada del bullicio de la Villa, enfocadas en ir cada día al club cercano a Lagoa de Marapendi, y de vuelta al departamento que comparten.
“Entrenamos en un lugar muy similar a la Lagoa Rodrigo de Freitas (donde serán las competencias), incluso con mucho viento, como para aclimatarnos”, afirma Ameghino, y agrega que “no te voy a decir que estamos tranquilas” en esta previa de su experiencia olímpica, “pero dentro de todo, al vivir afuera de la vorágine de la Villa, nos permitió estar muy metidas en lo nuestro”
A tal punto que el entrenador de la selección, Diego Cánepa, no quiere que anden quemando energías en acercarse al gigantesco shopping que se erige enfrente. “Me voy a relajar en la peluquería. No voy de compras”, avisa en ese sentido Keresztesi, la primera de las compañeras de Ameghino en aparecer.
Pero a pesar de estar lejos de la Villa hasta el viernes, las chicas ya disfrutaron de uno de los momentos más emotivos de cualquier Juego: la ceremonia de apertura las encontró con titanes del deporte nacional, de los cuales destacaron su “inmensa humildad”. Sabrina, de hecho, muestra orgullosa sus fotos con Ginóbili, Scola, Los Gladiadores, Delpo. No entendíamos nada, Estás con gente que es muy grosa”, cuenta la palista ensenadense con una sonrisa de oreja a oreja.
Brenda Rojas, la más chica del grupo, se suma a la charla: “La cantidad de horas paradas no nos importaba, Nos tuvieron que decir que nos sentemos, sino creo que seguíamos saltando, cantando, bailando”, reveló.
La parada en los condominios es la última estación antes de la competencia, algo que alivia a Sabrina Ameghino, quien tiene ansiedad por competir y disfrutar, pero también por volver a casa. Llevan semanas de gira, tras realizar la puesta a punto en Portugal, junto al equipo de Nueva Zelanda.
“Me encanta viajar, pero yo, hoy, preferiría viajar menos, necesito estar con mi hija”, se lamenta, y agrega: “Acá ni siquiera la puedo llamar por video porque internet se corta... Este es mi primer juego y el último, ponele la firma”, señaló.
La maternidad fue clave para Sabrina, reconoce ella, no sólo por modificar sus prioridades personales: también cambió su actitud hacia el deporte. “Cuando volví tras ser madre, cambié la cabeza: irte de tu casa para hacer el mínimo, no tiene sentido si tenés una hija en casa. Bajás al agua con otro compromiso, no quiero estar lejos de Vera por nada”, revela la palista. Y reconoce que “en su momento, yo no tenía la mente para ser atleta de alto rendimiento, no quería sufrir”.
“Con la cabeza que tengo hoy, deportivamente hablando, si yo la hubiese tenido cuando tenía 25 años... quizás la historia hubiese sido otra. Es cierto que en esa época, a las mujeres del canotaje no nos daban bola. Es difícil entrenar así”, analiza, y mientras Alexandra, húngara naturalizada argentina, regresa de su corta expedición (“estaba cerrada la pelu”, se ríe), Sabrina opina que hoy la situación es distinta: “Estamos mucho mejor desde el Enard (Ente Nacional de Alto Rendimiento que brinda becas a los atletas con objetivos olímpicos)”.
Ameghino será la única representante del equipo argentino de canotaje, que correrá la prueba de K1 200 metros
“Pero el Enard te va a apoyar con ciertas condiciones, es lógico. Algunos atletas exigen, pero el contrato dice que tenés que estudiar, y que la beca depende de los resultados. Eso sí, yo esperaría algunos años más antes de exigir resultados, un ciclo olímpico más. Pero cuando te dan plata, es lógico que tengas que rendir cuentas”, dice con pasión.
La entrerriana Magdalena Garro aparece en escena y se nota que quiere opinar: “El Enard tiene que aprender a controlar la plata, se encontraron con mucho dinero y todavía están aprendiendo a distribuirla”, afirma quien Sabrina define como “El Libro Gordo de Petete del deporte”. La ensenadense concuerda: “El Enard está aprendiendo. Es un ente chico para manejar tantos deportes, tanta gente, tanta infraestructura”, dice.
Y señala otros motivos que ponen techo a la evolución del deporte: “Las federaciones van a tener que aprender a trabajar de manera más prolija”, cuenta, y agrega además que, en la rama femenina, hay trabas culturales para el desarrollo: “Se entrena a las mujeres como si fuesen de cristal, algo que no se hace en ninguna parte del mundo. Está la teoría de que las mujeres no pueden hacer pesas... No es solo el Enard, es una teoría en la cultura”.
“También se piensa lo mismo de los chicos más pequeñas, que no hay que exigirles. Eso retrasa todo el desarrollo. Hay una cultura deportiva que atrasa, que sale del profesorado”, suma Garro.
Pero para Sabrina, el material está: “Tenemos enormes deportistas. Grosos en el deporte argentino, y nadie les da bolilla. Pauli Pareto es tan grosa como Messi, Lucha Aymar es tan grosa como Messi”, dice Sabrina, y rápidamente afirma que “el fútbol me aburre”.
Aunque no se nota, porque tiene fuertes opiniones respecto al seleccionado. “Perdió todo el equipo, no perdió Messi, no es la culpa de uno”, analiza sobre el resultado de Argentina en la Copa América, y aunque dice que hay que valorar la plata americana, afirma que observa demasiados esfuerzos individuales en el deporte de la redonda: “No veo un equipo”.
El K4, se nota, sí es un equipo: llevan muchos días juntas, de tour, pero se divierten, una de las claves del desarrollo constante del bote. “Hemos crecido mucho, cuando empezamos a trabajar hace cuatro años no éramos competitivas en la elite. Desde entonces, ganamos una medalla en una Copa del Mundo, algo que no ocurrió en la historia de Sudamérica”.
“En América hay botes fuertes, lo nuestro fue... no entendemos cómo pasó. ¡Le ganamos a Canadá! Ser primero en América no es joda. Canadá en teoría nos mataba, nos ganaba por mucho... Pero no miramos contra quien corremos, nos olvidamos de las demás: si ya vamos pensando que corremos contra las campeonas, no va a funcionar. Hay que superarse a sí mismo, y si bajando el tiempo ganaste, bien; y si no, hiciste tu mejor carrera”, aconseja una muy madura Ameghino, pensante y disfrutando su momento, luego de perder la clasificación olímpica de 2012 en circunstancias poco claras.
Más adelante, Ameghino agregó que “Si fuéramos un segundo más rápido cada 250 metros, capaz estamos peleando con las mejores, pero ese segundo lleva cuatro, ocho años de trabajo. Y además, cuando vos te superaste, vienen las que siempre ganan... Y te superan un poquito más”, dice entre la risa y la resignación, aunque afirma que la embarcación llega en su mejor momento, tras probarse en tres Copas del Mundo y luego del “plus que fue el entrenamiento con Nueva Zelanda”, realizado en Portugal en la antesala de Río.
“Entrenamos con el equipo de Nueva Zelanda y eso nos obligó a exigirnos un poco más”, cuenta la oriunda de Ensenada, y Rojas agrega que “pudimos ir a una velocidad que nunca habíamos tocado, y ahora sabemos que podemos”. “Nos demostró que podíamos”, concuerda Sabrina.
Ahora viene lo mejor: hoy, desde las 9:38, Ameghino (36años) competirá el las preliminares del K1 200 metros, con semis desde las 11 y finales mañana; luego, el viernes, le llegará el turno a su equipo, el K4 500. “El nivel en los Juegos es más alto que en un Mundial, hay menos botes, pero el filtro se hizo, están las mejores. Ahora ya estamos acá, entre la elite: nos pueden romper el alma, pero también podemos llegar a hacer historia”, concluye Ameghino.
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