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Magullada pero feliz: la experiencia olímpica de Manuela Pizzo

Vuelve con más experiencia. Manuela Pizzo, la representante del Pincha que viajó a los Juegos de Río de Janeiro con el equipo argentino de handball

Por Redacción

El seleccionado femenino de handball participó en su primer Juego Olímpico y la jugadora de Estudiantes espera que la experiencia sirva para construir a futuro

RIO DE JANEIRO, BRASIL
ESPECIAL

Por PEDRO GARAY
ENTREVISTA

Me duele todo”, dice Manuela Pizzo mientras se quita las vendas y descubre las heridas de una nueva batalla de La Garra, el equipo de handball femenino que acaba de concluir su primera experiencia olímpica. Un torneo que significó para el equipo femenino ir de la nada en que estaba sumido el deporte hace unos años, al máximo nivel.

Por tanto, la selección se propuso “disfrutar”, dice la jugadora de Estudiantes, aunque también hubo que dejar sangre y sudor, como ejemplifica el herido cuerpo de Pizzo, en cada minuto de cada partido, solo para mantenerse con vida, competitivas, contra las mejores del mundo.

“Es difícil, tenemos pocos partidos en la elite, jugamos cada dos años un Mundial, y tenemos un partido por año con Brasil. No estamos acostumbradas a jugar con esta intensidad tan seguido, y el roce se siente en el cuerpo”, explica Pizzo sobre lo que significó jugar un torneo con cuatro cruces europeos, los dueños del deporte, en fase de grupos.

La Garra luchó por su vida y consiguió estar cerca de dar algún batacazo. Se sostuvo en partido, particularmente, contra Holanda, subcampeón mundial, y Rusia, candidato a medalla, al que le hizo transpirar mucho para ganar: a 5 minutos del cierre, Argentina lideraba el encuentro. En cada cierre, sin embargo, el equipo sufrió la inexperiencia y la falta de roce.

“Quizás no aguantamos por quedarnos sin nafta. También falta experiencia. Se suman muchas cosas, el cuerpo es una de esas. Pero estamos creciendo, vamos evolucionando”, se esperanza Pizzo, pensando en las jóvenes que ya son parte del grupo y en el equipo junior, que realizó un gran Mundial en Rusia.

“El Mundial y los Juegos fueron los primeros torneos que tuvieron las más chicas, y estos partidos les dan experiencia para lo que viene. A medida que pasa el tiempo, las necesitamos más en la cancha. Ahora nos toca ser protagonistas a nosotras, las del medio, pero necesitamos la energía de las jóvenes”, afirma la oriunda de Bernal.

Con la experiencia adquirida a los golpes, Pizzo cuenta que el equipo se va de Río “súper feliz, estuvimos de igual a igual con los mejores del mundo, y poder aprender de ellos me llena de orgullo, porque no solo salimos a la cancha a defender la camiseta, sino también a ver a los más grandes y poder aprender de ellos, aprender en qué nos equivocamos”.

“No se dieron los resultados pero el objetivo que vinimos a buscar es de crecimiento, es de poder seguir haciendo cada vez más minutos de igual a igual contra estos rivales”, agrega.

Ahora, al equipo y a Pizzo les queda disfrutar: la albirroja partirá hacia Argentina luego de la competencia de canotaje de su novio, Gonzalo Carreras (participa en el K4 masculino), y mientras tanto planifica relax, Villa Olímpica y, claro, ir a ver a los chicos del handball y algún otro deporte.

Quizás, aproveche incluso para descargar la bronca que generó la hinchada brasileña en cada encuentro de la Garra: los abucheos y cánticos ofensivos se sintieron fuerte en el Arena de Futuro, más fuerte que en ninguna otra sede. El horario nocturno y la cerveza Skol fueron, seguramente, combustible de una incomprensible saña contra la selección.

“A veces te da bronca, no estamos jugando contra Brasil, y ellos hinchan por cualquiera con tal de ‘mufar’ a Argentina. Cuando estamos en un mundial y juega Brasil, yo quiero que ganen, porque somos América”, dice Pizzo, evidentemente furiosa, como todo el equipo. “¡En el himno se ponen de espaldas! Son unos maleducados”, agrega, y dice que “me da un poco de lástima, se ponen la camiseta de cualquier país con tal de hacerle la contra a Argentina. Nuestra hinchada, en cambio, va a morir con Argentina, no necesita hinchar por otro país”.

Ha sido quizás el único punto negativo de una experiencia inolvidable para el equipo y para Manuela, que se va magullada pero feliz de Río, con el bolso lleno de recuerdos: “Me llevo haberme cruzado con los mejores del mundo, entrar al ascensor y estar con Scola, Manu... y estoy en la misma de ellos”. En la misma: en la elite mundial.

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