RIO DE JANEIRO, BRASIL
ESPECIAL
Por PEDRO GARAY
ANALISIS
Sufrieron hasta el final en los cuartos, pero ayer volvieron a ser una fuerza demoledora de la naturaleza. Y nada menos que en el momento más importante de la historia del hockey nacional: en una semifinal olímpica, Los Leones se agigantaron para convertirle 5 goles en tres cuartos a los bicampeones olímpicos reinantes, Alemania, y seguir escribiendo la leyenda de un equipo construido a medida de los torneos grandes.
Pero el equipo que entusiasma a la gran audiencia argentina no es solamente una generación de grandes jugadores y un obsesivo entrenador: detrás hay un proceso de años que culmina en este Juego Olímpico y ha convertido a Los Leones, de simpático equipo a una fuerza para ser temida.
GENERACION GANADORA
Todo comenzó con una generación que, desde el proceso de juveniles, rompió con las jerarquías establecidas del deporte y se plantó de igual a igual ante las potencias. Varios integrantes de esta selección argentina que será oro o plata mañana fueron plata en el Mundial Junior 2001 y oro en 2005.
Desde jóvenes, conformaron una generación que creyó en que era posible ver a Argentina en lo más alto. Y lo apuntalaron redoblando el trabajo, transformando lo que hasta entonces era una selección amateur en un régimen profesional posible sólo gracias al influjo de dinero desde el Enard.
“Lo que estamos haciendo es muy bueno. Hace tres años y medio que no sé si hay en el mundo un equipo que entrene más que éste. Nos quedamos tranquilos con el camino que estamos asumiendo. Nosotros sabemos hacia dónde vamos”, sintetizaba el entrenador Carlos “Chapa” Retegui en la previa de Río.
LAS LOCURAS DEL "CHAPA"
Justamente Retegui es otra de las patas de la mesa cruciales en este proceso: el entrenador, conocido por su obsesión por el trabajo duro y el estudio metódico, empujó a los chicos a aceptar un duro trabajo físico para ponerse a tono con los mejores del mundo. Y, por supuesto, hizo uso de mucho video (el entrenador del equipo olímpico de fútbol, Julio Olarticoechea, reconoció que “Retegui y su gente nos ayudaron con los videos”) para desentrañar los secretos de las potencias que asomaban como indestructibles en el inconsciente.
Justamente el operativo de Retegui de cara a este ciclo olímpico buscó cambiar la forma de pensar, aprovechando a una generación que sabía de ganarle a los mejores: con su particular estilo, mezcla de “Loco” Bielsa y “Caruso” Lombardi, apuntaló a pura arenga y laburo otra forma de pensar, y consiguió convencer al seleccionado de que a Río se iba a jugar ocho partidos, no menos.
El “Chapa” Retegui fue el hombre que eligió Aníbal Fernández para dirigir al seleccionado masculino apenas asumió como presidente. El político buscó a Retegui, ex entrenador de Las Leonas, conociendo su capacidad y obsesión por el deporte, aunque también miró los colores políticos del entrenador.
De todos modos, fue el mayor acierto de Fernández durante su escandalosa presidencia que incluyó cinco entrenadores para el equipo femenino y sólo tres de las veintitrés canchas prometidas en todo el país.
La elección de Fernández se sostuvo (a diferencia de lo que ocurrió con Las Leonas) porque los resultados no tardaron en llegar, dándole la derecha al ex presidente de la CAH en el Mundial en que Retegui, luego de la súbita renuncia de Emanuel Roggero al equipo femenino, dirigiera en simultáneo ambas selecciones y cosechara dos bronces.
La continuidad del proyecto que unía a uno de los entrenadores más capaces con una generación prometedora brindó el marco para que el crecimiento fuera sostenido: aquel bronce inesperado se confirmó con el quinto puesto en la World League 2015, un año en que Argentina conseguiría cuatro victorias sobre el bicampeón olímpico, Alemania.
“El equipo se consolidó en la elite mundial”, confirmaba Retegui antes de Río. Sin embargo, todavía era parte del segundo pelotón, candidato a las migajas de Alemania u Holanda: sin embargo, de entrada en el torneo avisó que estaba para cosas grandes...
HAMBRE DE GLORIA
Y, lejos de conformarse con empatar ante Alemania y Holanda en primera ronda, lo tomó como un mero trampolín, la confirmación de que podían con cualquiera. Y, con cada partido que avanzaba, crecía no sólo la confianza, sino la sensación de que se estaba construyendo la historia, el sentido de destino.
Así, el equipo pasó a ser empujado emocionalmente por el sentido de destino, y se envolvieron en esa sensación de quienes confían y se ven a sí mismos no capaces de vencer a cualquiera, sino invencibles. Corren, corren y juegan y corren, hasta empujar con prepotencia de hockey a la victoria, porque los conmueve la posibilidad de hacer historia.
Las arengas ya virales de Retegui, claro, alimentan ese discurso en que Los Leones creen profundamente, en cada fibra, en cada músculo: así salieron a la cancha frente a Alemania y devoraron implacables al bicampeón olímpico. Y, lejos de la euforia, la zona mixta mostraba a jugadores medidos respecto a lo conseguido. Ya es historia, sí, pero el objetivo, de repente, es el oro. Porque como les dijo Retegui en una de sus clásicas rondas post partido, “entraron en la historia pero hay que seguir escribiéndola”.
EL CORNER CORTO
El equipo juega bien porque trabaja, y corre más porque lo conmueve la posibilidad de hacer historia. Pero cuenta además con una herramienta clave: en un deporte con muy pocas diferencias en el nivel de la elite, el córner corto asoma como una clave para abrir los partidos que Argentina ha pulido hasta convertirla en un arma letal.
Y Gonzalo Peillat es el ejecutor predilecto de Retegui: goleador del último Mundial, el “Acha” lleva 10 goles en el torneo, y ayer convirtió 3 para dejar fuera de juego a Alemania en medio partido. A partir de los tres tantos de Peillat, Los Leones pudieron controlar en qué zona se jugaba el encuentro contra el campeón defensor, que incluso jugó un cuarto sin arquero, y jugar con esa desesperación.
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