El paso del ministro Aranguren por un plenario de comisiones de la Cámara de Diputados, hasta donde llegó por exigencia de las fuerzas de oposición, dejó al menos cuatro conclusiones. La primera de ellas es que el Gobierno está enteramente jugado a resolver el conflicto planteado en torno al tarifazo con el fallo de la Corte Suprema de Justicia, sin plan B a la vista en la superficie.
La segunda conclusión –constatada ayer por EL DIA en el edificio anexo de la Cámara baja- es que los diputados no lograron incomodar al funcionario del presidente Macri desde el punto de vista técnico. De hecho, nunca estuvieron cerca de ponerlo en apuros, porque abundaron en opiniones políticas pero no las fundamentaron con números, mostrando desconocimiento en la materia.
Un tercer hecho se verificó en la extensa jornada legislativa: Aranguren no pudo sortear los cuestionamientos por incompatibilidad que le hicieron los diputados por su pasado reciente como presidente de Shell en la Argentina y porque sigue teniendo acciones de la petrolera. Al ministro no le alcanzó con el argumento de que debe ser la Justicia la que determine su particular situación.
La cuarta conclusión se produjo, en rigor, en primer lugar en el orden cronológico del encuentro: la ausencia del ex ministro De Vido significó una derrota para el kirchnerismo, que intentó a partir de ese faltazo que el oficialismo no pudiera desviar la atención del debate hacia la figura del desprestigiado diputado, pero que de ese modo terminó cediendo la iniciativa en la oposición.
Pero siempre es mejor ir por partes. En primer lugar, Aranguren no dio ninguna certeza de que el Gobierno esté pensando en instrumentar alguna salida alternativa para el conflicto abierto por el tarifazo. El ministro limitó sus intervenciones a responder preguntas puntuales de los diputados y justificó la medida al sostener que, en el caso del gas, la tarifa representa sólo el 11% del costo.
“Abandonamos el sendero de los precios y los tuvimos artificialmente bajos”, sostuvo Aranguren sobre la política energética del kirchnerismo. La pata política de la posición del PRO la explicitó el diputado Massot, quien salió en auxilio de un funcionario limitado al perfil técnico: “Los subsidios se centraron especialmente en la provincia de Buenos Aires por una razón electoral”, aseguró.
En el amplio recinto del segundo piso del anexo de la Cámara de Diputados, donde se realizan los debates por asuntos resonantes, el oficialismo buscó poner toda la responsabilidad sobre la década kirchnerista, algo que se le dificultó por la premeditada ausencia de De Vido, mientras que la oposición machacó sobre las idas y vueltas que tuvo la frustrada implementación de tarifazo.
En ese sentido, una de las intervenciones más destacadas estuvo a cargo de la diputada Camaño, del Frente Renovador, quien reclamó al ministro detalles puntuales sobre la política energética y sobre los “compromisos de inversión” de las empresas del sector. “Necesito ver los documentos”, insistió la legisladora massista, tal vez la más punzante a la hora de cuestionar al funcionario.
Así, la iniciativa que cedió el FpV por la mancha de De Vido, la tomaron el FR y también el Bloque Justicialista. Ambas bancadas no dudaron en poner en dedo en la llaga y le enrostraron a Aranguren el hecho de que está tomando decisiones que “benefician” a Shell y a otras compañías del sector energético de las cuales provienen otros funcionarios, como Pan American Energy.
“Le vamos a dar una buena noticia, señor ministro. Subieron las acciones de Shell. Sí, se puede”, ironizó el diputado rionegrino Martín Doñate y acto seguido dijo que las decisiones de Aranguren tienen impacto en ese incremento, por la compra de petróleo y gas a esa compañía o a sus subsidiarias en Chile, como la British Gas. La respuesta del funcionario no fue convincente.
A tal punto, que cuando admitió que las acciones de Shell que posee tienen radicación en el extranjero, intervino entre bambalinas el macrista Emilio Monzó con una seña oportuna para que Aranguren cortara allí su respuesta. El presidente de la Cámara de Diputados estuvo largas horas en el plenario de comisiones como una certificación del apoyo político de Macri a su ministro.
Sin embargo, Aranguren quedó expuesto, no sólo frente a la oposición sino ante los ojos de la sociedad, que lo identifica con la medida más impopular que adoptó el gobierno de Cambiemos desde que llegó al poder en diciembre pasado. El ministro se mostró sólido en el aspecto técnico, pero exhibió una nula muñeca política. Allí radicaría, justamente, el eje de toda la controversia.
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