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Preocupa el escaso público en las pruebas de atletismo

El estadio olímpico lució con muy poco público durante las pruebas atléticas, salvo cuando corrió Usain Bolt

Por Redacción

El estadio olímpico lució noche a noche con muchísimas sillas vacías, a excepción de los días que corrió Usain Bolt

Rio de Janeiro, Brasil Especial

Por

Pedro Garay Enfoque

E laine Thompson, Tori Bowie y Dafne Schippers pasan como una exhalación por la línea de llegada de los 200 metros. La keniata Kipyegon desplaza del oro cantado a Genzebe Dibaba, récord mundial de 1.500 metros. Y Mutaz Essa Barshim, el único hombre capaz de desafiar el récord mundial de 20 años de Javier Sotomayor en salto en alto, se bate a duelo contra un tal Derek Drouin: pide aplausos para animar su carrera a la vara, pero sólo recibe un murmullo poco entusiasmado.

Es que a pesar de que la elite mundial se bate a duelo en el Estadio Olímpico Engenhao noche tras noche en las pruebas de atletismo, las gradas del gigantesco estadio han lucido absolutamente despobladas, a excepción de los días de Usain Bolt. El velocista dueño de siete oros olímpicos atrae por su magnetismo, y su prueba, los 100 metros, es sencilla y mágica, asombrosa, pero aún así, el estadio tampoco lució al tope de su capacidad cuando el jamaiquino apareció en escena. Justo en unos Juegos cuyo principal punto de venta es el color del marco.

¿Qué ocurre? La postal que la tevé busca evitar resulta un fuerte contraste con el entusiasmo que uno de los deportes divos de un Juego Olímpico genera en cada edición: en Río, se ha pasado de las entradas agotadísimas de Beijing y Londres y un clima furioso para que los atletas brillen, a este marco más parecido a un torneo regional, y que destaca particularmente por la enormidad de estadio en que se llevan a cabo.

Brasil tiene un atletismo poderoso, sobre todo a nivel americano, y varios candidatos a medallas que han colaborado con poblar un poco en Engenhao: pero al final del día, como Argentina, es un país con una cultura deportiva orientada a los equipos. El vóley, el básquet y el handball, aunque tuvieron sillas vacías, siempre mostraron color y pasión en las tribunas; pero fuera de las competencias por equipos, algunos marcos preocupan incluso a la organización.

Es que la tevé precisa estadios llenos, por lo cual se prevé que se repartirán entradas en escuelas y que muchos voluntarios ocuparán los asientos vacíos. El gigantesco Engenhao, sin embargo, será particularmente difícil de llenar.

Lo curioso es que la venta informada de tickets supera el 85%: los encargados de ventas de tickets opinan que muchos compraron su entrada solo para ser parte de la experiencia olímpica, y que pasan la tarde en el Parque Olímpico, en lugar de en los estadios. Otra contra para el Engenhao, es que queda a trasmano de la experiencia olímpica del Parque de Barra do Tijuca.

Pero lo que revelan las sillas vacías en muchos estadios y el desolador panorama del Estadio Olímpico en noches de atletismo de elite es que Brasil, Sudamérica, está lejos del mundo: los Juegos han tenido un influjo muy chico de turistas-espectadores. Una caminata por el Parque o una panorámica de un evento revela que, si los sudamericanos aprovecharon la chance de un Juego “acá nomás”, los europeos, espantados por la campaña del miedo de la previa, eligieron pasar de esta Olimpíada.

Sin turistas, los eventos que no sean atractivos para el gran público de Brasil, por tener una cultura deportiva diferente a la europea, lucirán hasta el final de los Juegos lejos del esplendor de otras ediciones.

Y el problema va más allá de la fea postal que regala un estadio vacío: debido a que el Comité Olímpico es quien se queda con el dinero televisivo, y aunque muchas estructuras construidas para la ocasión queden como legado y otras sean resignificadas, la gran ganancia de la ciudad huésped es el turismo. En esta coyuntura política y económica de Brasil, la cuestión generará sin dudas fuertes polémicas tras la finalización de estos Juegos de Río.

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