“Esto es tristísimo, nunca me creí capaz de matar a alguien... ¿Quién soy yo para haberle sacado la vida?”. El lamento es de Rubén Darío Martínez (71), el dueño de una despensa de Punta Lara que, en el medio de un robo violento, le pegó dos escopetazos a un delincuente que murió ahí mismo. “Estuviste bien, si no te mataban a vos”, lo intentaron consolar dos vecinos, que recién se enteraban de lo que pasó el domingo cerca de las diez de la noche en ese local de Almirante Brown y 126.
El drama empezó con una compra falsa que simularon tres hombres y una mujer, que habían llegado en una Peugeot Partner azul, según información policial. A ese barrio se llega luego de varias cuadras de una costanera con contracurvas. Además de la gente que vive ahí, de día apenas pasan algunos pescadores o personas que buscan respirar un poco de aire de río.
Para en algo bien distinto estaban esos cuatro ladrones, que se asomaron por la ventanilla donde en la despensa se atiende al público. Con la idea de vender una garrafa, Rubén les abrió un portón. Desde ahí tuvieron acceso a su domicilio. Una vez que se metieron, sacaron sus armas y empezaron a castigarlo.
“Primero me partieron la frente de un culatazo y después, en el piso, me empezaron a pegar piñas y patadas. También me retorcían el cuello: me rompieron todo”, le empezó contando Rubén a EL DIA.
Tal como lo había planeado, la banda maniató a la víctima. Pero ahí radicó su falla, porque usaron una bufanda de lana. “¡Esto se estira! ¿No zafaré?”, pensó para sí mismo el hombre, con la cara tapada de sangre.
En efecto, con forcejear unos segundos pudo desatarse. “Quería llamar al 911, pero primero agarré una escopeta que tenía debajo de una alacena”, dijo Martínez. El arma oxidada era un recuerdo del abuelo.
Ya habían pasado unos tres minutos desde el principio de todo. Con la mirada puesta en la escalera de su casa -“quería subir al piso de arriba para avisarle a la Policía”- Rubén se cruzó en la cocina con uno de los delincuentes.
Ese joven era, según fuentes oficiales, Matías Nicolás Cardozo. “Tenía 24 años, era de Glew y había salido hace poco de la cárcel de Olmos por haber robado”, confirmaron esos voceros.
Cuando Martínez se lo cruzó, actuó sin dudar. “Me volví sobre mis pasos, le apunté y le di un escopetazo. Recargué otro cartucho porque vi que se quería levantar del suelo y le tiré de nuevo. Y ahí quedó”, resumió.
La misma cochera por la que habían entrado al comienzo del robo fue el sitio en el que el intruso quedó tendido y sin vida. La víctima aseguró no haber visto en dónde le pegó los escopetazos. Según supo luego por los detectives, al menos uno le pegó en la zona de las costillas. Al lado del cadáver del ladrón quedó la que, se supone, era el arma calibre 22 que portaba en el robo.
No sólo dentro de la casa hubo estruendos de bala. “La mujer que estaba con los ladrones se quedó afuera y disparaba una pistola 9 milímetros”, señaló Rubén. Se desconoce dónde impactaron, aunque “los peritos encontraron las vainas”.
“Negro, ¿cómo estás? ¿Qué pasa?”. Desde la calle, los otros delincuentes -que habían alcanzado a salir primero- se impacientaban porque su compañero no aparecía. La tardanza evidente les dio la pauta de que podría estar herido.
Ninguno dudó en volver a la Partner para escaparse a toda velocidad por 116, la calle siguiente, en dirección opuesta al río. A 30 metros una cámara de seguridad municipal aparentemente grababa la secuencia.
Después de comprobar que le habían “revuelto todo” y que le provocaron destrozos en su casa, Rubén fue asistido por los agentes que él convocó. Rápido lo llevaron al hospital Cestino.
La fiscal penal en turno, Leila Aguilar, estuvo al tanto del asunto y decidió que el comerciante quede libre, por entender que actuó en legítima defensa.
En 15 años, jamás habían robado en ese almacén. Con el labio hinchado por los golpes, una cicatriz en la cabeza y el horizonte del río frente a él, Rubén sintió cierto remordimiento por el resultado trágico de esta situación. Aunque también evaluó: “Creo que zafé porque si no me mataban a mí”.
En el operativo policial participaron agentes del Gabinete Homicidios de la DDI local y de la seccional segunda de Ensenada.
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