“El ejercicio le permitirá al niño obeso lograr una aptitud cardiorrespiratoria adecuada, la cual será indispensable para afrontar una vida menos sedentaria; además, mejora la sensibilidad a la insulina, la tolerancia a la glucosa, el perfil lipídico, produce cambios hemodinámicos positivos y estimula la liberación de endorfinas”, sostienen los especialistas de la Sociedad Argentina de Nutrición.
“Por esto -destacan- el Estado debe asumir un compromiso y generar políticas públicas que promuevan la reducción de la obesidad generando espacios seguros para la actividad al aire libre, facilitar el acceso a una alimentación saludable de toda la población y regular la publicidad de alimentos no saludables”.
Cabe destacar que, según la Organización Mundial de la Salud, en el mundo 41 millones de chicos menores de cinco años tienen sobrepeso o son obesos, y la tendencia sigue en aumento.
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