Thomas Bach, el nuevo “Señor de los Anillos”, inicia este viernes sus primeros Juegos como presidente del Comité Olímpico Internacional (COI) bajo una doble e impensada tormenta: 1) cómo afrontará Río los primeros Juegos en Sudamérica en medio de su crisis política y económica, virus de zika, gastos polémicos y bajas de figuras a último momento. Y 2) cómo sobrevivirá el propio Bach a su decisión “antiestablishment” de no expulsar a Rusia de los Juegos de Río tras el escándalo de doping de Estado. Fueron denuncias que lideró Estados Unidos, en un marco de “guerra fría” trasladado otra vez a la arena olímpica. Como en los viejos años 70.
Bach, que sorprendió el sábado al hospedarse en la Villa Olímpica de Río, “ha copiado a su mentor”, Juan Antonio Samaranch, afirmó días atrás The New York Times. El diario estadounidense, que lideró las acusaciones de doping de Estado contra Rusia, recordó que Samaranch fue elegido presidente del COI en 1980 en Moscú con el apoyo del bloque soviético (también lo apoyó Adidas, curiosa alianza, porque la casa de las tres tiras, santa patrona olímpica, sabía que el catalán lograría que los Juegos terminaran abriéndose plenamente al profesionalismo, como sucedió a partir de la edición de Barcelona 92).
Cuatro años antes, en la previa de los Juegos de Seúl 88, Samaranch entregó la Orden Olímpica, la más alta condecoración del COI, a Erich Honecker. Era el líder de la Alemania del Este, la nación que más había crecido en el medallero olímpico. “Aquella condecoración fue como premiar el doping de Estado”, criticó días atrás a Samaranch el periodista del Times, Jere Longman. Porque lo peor -le reveló al diario Arne Ljungvist, que entonces era jefe médico del COI- es que Samaranch ya sabía que la RDA practicaba doping masivo en unos 10.000 atletas, en un programa que incluía a niños de 11 años de edad.
Contra lo que indicaban líderes políticos y deportivos de Occidente, Bach tomo ahora la audaz decisión de no vetar a toda Rusia de los Juegos de Río. El inglés The Guardian, el otro gran diario del mundo occidental que apuntó contra el doping de Estado de Rusia, recordó que el primero que llamó a Bach apenas el alemán fue elegido presidente del COI en 2013, en el hotel Hilton de Puerto Madero, fue el líder ruso Vladimir Putin. Y destacó luego la otra imagen aún más poderosa que sucedió al año siguiente: Bach felicitando a Putin por su “extraordinario éxito” en la organización de los Juegos Olímpicos invernales de Sochi 2014.
Hay dos puntos aquí que conviene aclarar: toda la prensa de Occidente insiste en afirmar que esos Juegos tuvieron un costo récord de 51.000 millones de dólares. En rigor, casi 45.000 millones fueron usados para trasformar la ciudad. Los Juegos en sí mismos costaron algo más de 5.000 millones. Y otra: la gran polémica previa a esos Juegos fueron reclamos de boicot porque Rusia tenía una nueva ley antigay. Varios estados de Estados Unidos tienen leyes aún peores que la rusa. Leyes que, invocando motivos religiosos, autorizan, por ejemplo, a un empleado (un mozo, el que fuere) a negarse a atender a una pareja porque es gay. Nadie, sin embargo, pidió boicots deportivos contra Estados Unidos.
El deporte olímpico, en tanto, sigue mirando hacia la ex Unión Soviética: Bakú, capital de Azerbaiyán, será la sede de los Juegos Europeos de 2019. Los millones los aporta Alisher Usmanov, accionista mayoritario del club inglés Arsenal y presidente de la Federación Internacional de Esgrima, el deporte con el que Bach ganó una medalla olímpica en los Juegos de Montreal 76.
La federación poderosa que acaso más se opuso a la prohibición total del equipo ruso de los Juegos de Río (como sí lo hizo la de atletismo) fue la de natación. Su presidente, el uruguayo Julio Maglione, también saludó efusivamente a Putin por la gran organización del último Mundial de natación, en la ciudad rusa de Kazan. El informe reciente de la Agencia Mundial Antidoping (WADA) que acusó a Rusia, dijo que ese Mundial fue “doping de Estado” del país liderado por Putin.
Contra lo que indicaban líderes políticos y deportivos de Occidente, Bach tomo ahora la audaz decisión de no vetar a toda Rusia de los Juegos de Río
El deporte favorito del líder ruso es el yudo. Allí, en la Federación Internacional de ese deporte, manda Marius Vizer, rumano que vive en Hungría, también amigo de Putin.
A Estados Unidos no le gusta tanto poder ruso en el deporte (Rusia albergará el Mundial de fútbol de 2018). Basta ver ayer la portada del New York Times: ¿fueron los servicios secretos rusos los que hackearon el correo privado de la candidata demócrata Hillary Clinton?, se pregunta el diario. ¿Está influyendo Rusia para que el conservador Donald Trump sea el próximo presidente de Estados Unidos? El deporte, hay que decirlo, forma parte de ese mundo de guerra fría.
BUENOS MUCHACHOS
Recuerdo el documental de la cadena alemana de TV ARD difundido apenas horas antes de la votación de Buenos Aires 2013 que terminó consagrando a Bach como sucesor de Jacques Rogge en la presidencia del COI. Lo presenta a Bach como “un hijo” de Samaranch. Ambos protegidos de Horst Dassler, el patrón de Adidas, sponsor exclusivo del COI gracias al apoyo del bloque soviético. El documental recuerda a un Bach que lideró la voz de los atletas que se oponían al boicot de Occidente a los Juegos de Moscú 80 por la invasión a Afganistán. Poco después Bach fue Director de Promoción de Adidas. Eran años de ISL, brazo comercial de las tres tiras, la firma condenada en Suiza por haber pagado más de 100 millones de dólares en sobornos a dirigentes deportivos. “Ese fue el mundo en el que Bach aprendió política deportiva”, me dijo años atrás Andrew Jennings, coautor del libro “Los Señores de los Anillos”, uno de los periodistas que más investigó la corrupción en el deporte olímpico.
El documental de 2013 de la ARD muestra a Bach, abogado, como presidente de una cámara de negocios árabe-alemanes. También haciendo negocios en Kuwait como asesor de Siemens. Y dice que Bach ganó la presidencia del COI gracias al apoyo decisivo del mundo árabe. ¿Conflicto de intereses? “Absuelto”, dictaminó en su momento la Comisión Ética del COI.
ARREPENTIDOS
La cadena de TV alemana ARD es la misma que abrió el último año las investigaciones en contra de Rusia. Médicos y atletas rusos que participaron del “doping de Estado” se arrepintieron. Las autoridades deportivas desoían las denuncias.
Los arrepentidos llegaron a Estados Unidos como testigos “protegidos”. Repitieron sus denuncias al New York Times. El FBI colaboró en la investigación. La justicia de Estados Unidos abrió una causa. Todo parecía listo para que todo el equipo de Rusia, no sólo el atletismo, fuera expulsado de los Juegos. Bach no lo pensó así. No sólo eso. También decidió que tampoco podrá competir en Río Yulila Stepanova, la atleta “arrepentida” considerada una “heroína” en Occidente. Porque ella, recordó Bach, también había dado positivo de doping. Bach recordó que el “arrepentido” también “delinquió”. Y que su confesión no lo rehabilita.
“Que no te sorprenda si en los próximos meses aparecen algunas investigaciones que revuelvan otra vez viejos trapos sobre los antiguos negocios de Bach”, me dice un hombre que conoce mucho del deporte olímpico. En realidad, su desafío inmediato son los Juegos que comienzan el viernes. La previa, hay que admitirlo, fue acaso una de las peores que se recuerden en una edición olímpica. Un traspié de Río 2016 podría ser el inicio de su pesadilla.
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