El pianista César Salgán, hijo de Horacio y a cargo de la dirección del Quinteto Real, dedica su vida, acaso como imperativo, a la música de su padre y, sobre su legado, afirmó que “trasciende edades, marcas de género y puede ser apreciado por cualquiera que tenga admiración por la buena música”.
César y Horacio tuvieron una relación con encuentros y distanciamientos. César se crió sin su padre y recién tuvo un acercamiento a él en su adolescencia. Estudió primero el contrabajo y desarrolló una exitosa carrera en el automovilismo. Una tragedia familiar (la muerte de otro de los hijos de Horacio) los acercó luego de 18 años sin tratarse.
“Así como hay músicos que han dedicado su vida a interpretar a Chopin, por obvias razones, y por una cuestión de empatía, dedico todo mi tiempo a su música, que la siento como propia”, aseguró César semanas atrás.
César se encuentra desde 2002 al frente del Quinteto Real, la emblemática formación del tango de escucha que su padre formó en 1960.
Interpelado sobre el aporte de su padre a la evolución tango, César lo ubicó en perspectiva histórica. “Su aparición debe entenderse en el sentido de una evolución en la que el tango comenzó a recibir arregladores, compositores e interpretes que cada vez tuvieron mayor riqueza, conocimiento y manejo de la música”, observó Y agregó: “Como otros maestros, mi padre con su manejo de la composición y armonía hizo una aporte notable dentro del tango y se convirtió en uno de sus pilares”.
“Se lo reconoce en diferentes facetas. A mí me parecen fundamentales la creatividad en cuanto a ideas y belleza, aquello que podríamos llamar buen gusto y, por supuesto, sus cualidades como pianista”, concluyó.
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