Cuando en 2012 aquel plantel de Diego Cagna ultimaba detalles organizativos para realizar la pretemporada de invierno en Colombia, la dirigencia cumplía con uno de los pedidos del entrenador: Schunke se convertía nuevamente en jugador de Estudiantes. Su primer paso fue en las inferiores y casi nadie recordaba sus días de juvenil en City Bell, que siguieron en el ascenso.
Dos días después de firmar su vínculo se subió a un avión para llegar a Bogotá, pero no tomó el mismo vuelo que sus nuevos compañeros ya que le tocó viajar aparte junto a Agustín Alayes, otro refuerzo, pero “de la casa”. Sus primeros momentos pasaron entre las prácticas y el esfuerzo, no solo por meterse en el equipo, sino también, para lograr adaptarse a la vida de la institución. Siempre en silencio, su amigo más preciado.
Pasaron los torneos, los técnicos, los competidores del puesto, y hasta planteles enteros, pero “el flaco” siguió. Siempre en silencio, pero ya con una buena cantidad de partidos en el lomo, que aumentaron su figura un tanto rara de caminar o correr. Apenas algunos festejos en el área rival, pero siempre estuvo claro que su fuerte es evitar los ajenos.
Primero Cagna, después Mauricio Pellegrino, hasta que se cruzó con Gabriel Milito; y si bien ya estaba consolidado como socio del Chavo Desábato (dejando atrás a Sebastián Domínguez), Schunke vivió un quiebre. Todos, incluso el propio central, pensaron íntimamente lo complicado que sería mantenerse con el estilo de un entrenador que poco coincidía con sus condiciones. Pero se reinventó y día a día escuchó los conceptos del particular técnico. La teoría fue quedando de lado para que los movimientos, cuestionados por muchos, comenzaran a aparecer en el juego del barbado. Al punto que el propio Milito lo pidió a gritos para su Independiente, y se quedó con las ganas luego de un par de intentos y ofertas importantes. Lo mismo le pasó a San Lorenzo en el mercado pasado.
Hoy con Vivas del otro lado de la línea, Jonatan Schunke sigue mejorando y sintiendo la importancia que tiene en el equipo, y también en el club; al punto de interiorizarse en el proyecto de neurociencia que se está implementando en las Divisiones Inferiores, y acudir cada tanto a ver a los más chicos para volcar su experiencia.
Alguna vez el Colo Germán Re fue el referente silencioso. Hoy, al héroe del silencio le dicen Flaco, pero cada tanto pega un buen grito para acomodar y acomodarse.
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