Por | ALEJANDRO CASTAÑEDA
Mail: afcastab@gmail.com Periodista y crítico de cine
Casi un 60 por ciento de las mujeres finge el orgasmo para “no decepcionar a su pareja”, mientras que un 24 por ciento nunca lo tuvo o tiene dificultades para lograrlo, destacaron médicos sexólogos con motivo de celebrarse el Día Mundial del Orgasmo Femenino, que se conmemora cada 8 de agosto para “reivindicar el placer sexual”. El “altruismo”, afirman, es la principal causa del engaño. La conclusión surge de una investigación científica realizada sobre mujeres heterosexuales. Ellas engañan para no herir los sentimientos de su pareja. Es una falsificación bien intencionada, pero bueno, los impostores cotizan cada vez más y la vida avanza a fuerza de estafas y falsos espejos. Ellas, haciendo creer que gozan en el mano a mano, ganan tiempo, ahorran discusiones y agrandan al compañero de gastos y trajines
La escasez de orgasmos ya había sido revelada por encuestas del Hospital Durand que trajeron noticias de un placer femenino en bancarrota: un 29 por ciento tiene “trastornos en el orgasmo” y un 13 por ciento de la dotación sufre “dolor vaginal asociado a la relación”. Y una tercera parte no llega al éxtasis por la falta de pericia de un partenaire que se apura, exige y se olvida de tramitar mejores escaramuzas. La falta de deseo sexual ya es la primera causa de disfunción femenina, explicaban. ¿Razones? Las mujeres insisten en que sus parejas se saltean las previas y que a la hora de ir juntos hacia el éxtasis, mientras ellos se apuran por llegar, ellas prefieren un servicio con paradas en todas. La hombría no debe desoír el clamor de unas insatisfechas que en el rubro Caricias también exigen Ni Una Menos. El hombre, evidentemente, debe rehacer su catálogo de entregas. ¿Y si nos denuncian por mala praxis, ahora que están de moda fiscales y averiguadores?
Pero todo se puede enseñar y mejorar asegura la docencia. No sólo hay que conseguirse un profe para salir a correr, ahora también para ir con la señora a la cama se precisa un extraño que se meta entre las sábanas y pueda calificar mimos, tiempos y sacudones. Los coachs han invadido todo y han terminado por convertir la vida en pura coreografía. Los sex coaching hablan del goce con tanta minucia que dejan el viejo toqueteo a la altura de una instrucción. No es bueno tanto bla bla. El sexo, que siempre ha sido una mercancía íntima, con más instinto que guiones, ahora tiene que ir a la escuela por sus apuros y sus desganos.
Estos expertos nacieron en los 80, en la Escuela de Palo Alto, nombre apropiado para el precalentamiento. La idea de poner en la cama un tercero está en la fantasía de cualquiera. Pero lo de tener que ir al cuarto con la lectura bien sabida es riesgoso. Le acaba dando tanto valor al entrenador, que obliga a compartir entre los tres el caramelo de cada noche.
Hay siempre una sensación de chantada detrás de esta idea de complicarlo todo para tener que acudir a los expertos. A nadie le gustará poner al éxtasis a la altura de un coach pedante que empezará analizando posiciones y terminará aconsejando sobre besos y calzoncillos. Por más trastornos que haya en la pareja, no se puede llevar los eslóganes a una cama que ya tiene bastante con rutinas y reproches. “El aguachirle conyugal”, como decía Luis Cernuda, acecha el sexo hogareño. Las malas costumbres aseguran que con los amantes siempre hay ganas, sin necesidad de entrenadores. El matrimonio, se sabe, desgasta la furia y deja el altar del deseo a la altura de una mesada de cocina. Por eso los coach trabajan sobre las variaciones y apelan a las novedades para refrescar un catálogo que tiene las hojas amarillas de tanto repaso.
En aquel estudio del Hospital Durand, ellas denunciaban más el continente que el contenido. Pedían alargue y no ir directo a los penales. Y consideraban que, en el regalo del amor, los modos valen tanto como el paquete. ¿Serán felices sin orgasmo? No es vinculante dicen los más porfiados. Pero habrá que apelar a preparativos y palabras dulces para que la señora de la casa, después de lavar los platos y acomodar los críos, disfrute en el cuarto de algunos fuegos artificiales. Aunque los rompeportones de ayer hayan perdido sorpresa y estallido.
Por todo esto, la falsificación de orgasmos es una faltante que pesa mucho en el armario matrimonial. Para ahorrar discusiones y calmar a su compañero, estas desilusionadas de las medianoches prefieren fingir sofocones, darse vuelta para el otro lado y buscar en el sueño lo que la vigilia le viene retaceando. Una de cada cuatro no sabe qué es un orgasmo. Y seis de cada diez dicen que gozan y no gozan. Malas noticias para el medallero machista.
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