Para algunos, apenas un medida demagógica que afecta el derecho de las mayorías a elegir sus representantes. Para otros, la punta de lanza de una reforma que cambiará para siempre el escenario político bonaerense.
Opiniones aparte, lo cierto es que la ley sancionada en el Senado provincial el miércoles pasado que limita la posibilidad de reelección para intendentes, legisladores, concejales y consejeros escolares marca el principio del fin de una era marcada por largos liderazgos territoriales, con dirigentes que vienen ocupando los mismos cargos electivos desde hace más de dos décadas en forma ininterrumpida.
Así quedó en evidencia en los intensos y calientes debates que se abrieron durante el tratamiento del proyecto que impulsaron el Frente Renovador de Sergio Massa como la gobernadora María Eugenia Vidal y que fue convertido en ley la semana pasada al cabo de una votación dividida, en la que el kirchnerismo y el PJ la rechazaron con fuertes críticas.
DISPOSICIONES
Presentada por sus impulsores como un cambio copernicano en la vida política de la Provincia, la nueva ley establece que los intendentes, legisladores, concejales y consejeros escolares sólo podrán cumplir dos períodos en forma consecutiva.
Para volver a presentarse en ese cargo, es decir, para competir por una segunda reelección, deberán dejar pasar un período, una disposición similar a la que rige para presidente y gobernador de la Provincia.
El proyecto que finalmente fue sancionado con los votos del Frente Renovador, Cambiemos y un sector del peronismo dispone que el actual mandato de los funcionarios alcanzados será contabilizado como el primero, por lo que solo podrán aspirar a una reelección en 2019. De esa forma, el nuevo escenario equipara a intendentes como Aníbal Loubet, de General Guido, quien gobierna el distrito desde hace 25 años en forma ininterrumpida, con los jefes comunales que asumieron por primera vez en diciembre pasado.
El texto final expresa que el intendente, los concejales, consejeros escolares, diputados y senadores de la provincia de Buenos Aires durarán en sus funciones “el término de cuatro años y podrán ser reelectos por un nuevo período”, con la aclaración que “si han sido reelectos no podrán ser elegidos en el mismo cargo, sino con intervalo de un período”.
A efectos prácticos, en el caso de los intendentes, ninguno de los que actualmente ocupan ese cargo podrá seguir haciéndolo después de 2023.
Por otra parte, el proyecto determina la incompatibilidad de cargos, al prohibir a intendentes y concejales ostentar cargos “de funcionario o empleado a sueldo del Poder Ejecutivo nacional o provincial, sea en la Administración central, organismos descentralizados o entes autárquicos, a excepción del ejercicio de la docencia”.
El debate por el tratamiento de la norma tuvo momentos de cruces picantes entre las distintas fuerzas, algunas de las cuales rechazaron el proyecto.
Tanto en Diputados como en el Senado, los legisladores del Frente para la Victoria y un sector del peronismo votaron en contra de la norma. El PJ cuenta entre sus filas con algunos de los casos más emblemáticos de intendentes y legisladores con numerosos mandatos sobre los hombros.
Los casos más reconocidos son los de algunos de los denominados “caciques” del Conurbano, como los jefes comunales de Florencio Varela, Julio Pereyra, de Ituzaingó, Alberto Descalzo, y de Ezeiza, Alejandro Granados. Pereyra lleva 24 años al frente de esa comuna y está cumpliendo su séptimo mandato consecutivo. Descalzo, por su parte, es intendente desde 1995 y actualmente cumple su sexta gestión.
EJEMPLOS
Pero hay ejemplos en todas las fuerzas. Durante el debate en el Senado se mencionó el caso de Loubet, quien llegó al poder de la mano del radicalismo, el intendente con más años en el cargo de los 135 jefes comunales de la Provincia.
En las filas del radicalismo también destaca el caso del intendente de San Isidro, Gustavo Posse, quien fue electo por primera vez en 1999 y actualmente cumple su quinto mandato consecutivo.
El de la familia Posse es un caso con características muy particulares. El padre de Gustavo, Melchor Posse, ya fallecido, llegó a la intendencia en 1958. Su hijo asumió en 1999.
El “traspaso de mando” a los hijos o familiares es una de los mecanismos que ahora podrían hacerse más frecuentes entre algunos que buscan extender su liderazgo político en sus distritos ya que la ley no lo prohíbe.
En Berazategui, por caso, el histórico Juan José Mussi, intendente por varios períodos, dejó lugar para su hijo, Juan Patricio, y hoy ocupa una banca en la Cámara de Diputados.
En Ezeiza, el histórico Alejandro Granados podría seguir sus pasos y promover a uno de sus hijos, también de nombre Alejandro, para sucederlo al frente de la comuna que gobierna desde su creación en 1995.
Y en el partido de La Costa la sucesión fue entre Juan De Jesús y su hijo Juan Pablo.
SUSCRIBITE a esta promo especial