El estadounidense, escritor de culto y autor de unos 30 títulos en casi 40 años de carrera, se acaba de referir recientemente a “Interestatal”, potente novela que llega por primera vez traducida al español, como un ejercicio obsesivo que explora la tensión psíquica y emocional de un padre ante la muerte de su pequeña hija.
Editada por el sello Eterna Cadencia 26 años después de su primera aparición en Estados Unidos, “Interestatal” es una de las obras más emblemáticas de Dixon, donde su prosa transparente y simple transcribe el monólogo mental de un hombre que repasa de manera febril esa catástrofe personal.
Ese hombre es Nathan Frey. Volviendo de un fin de semana largo en Nueva York con sus hijas de 6 y 9 -acababa de hablar con su esposa confirmando que las chicas fueran al baño y tomaran algo en el camino-, dos anónimos lo acosan en la autopista: le tiran el auto encima, dan señales confusas, sacan un revólver, disparan al aire y una de las niñas muere.
Este inicio, contundente, se desarrolla en dos páginas y media, las siguientes 465 páginas del libro serán los efectos de esa catástrofe sobre Frey y consideraciones del narrador sobre la debacle (siete perspectivas, una por capítulo): Nueva York días previos a la partida, diálogos con las niñas y cómo saber si las cosas ocurren como se las recuerda, entre otras cuestiones.
A los 80 años, Dixon es un autor laureado pero no tan conocido, que ocupa la mayor parte de su tiempo escribiendo. Publicó su primer libro ya de grande, pasados los 40 años, y hasta que se jubiló, a los 71, tomó trabajos que le garantizaban tener tiempo para escribir ficción.
Fue camarero, vendedor en las tiendas Bloomingdale’s, periodista, maestro de escuela primaria y profesor de Escritura Creativa en la Johns Hopkins University de 1980 a 2007 cuando se jubiló.
Dos veces finalista del Nathional Book Award con “Interestatal” y otra novela llamada “Frog”, ganó algunos de los premios literarios más importantes de Estados Unidos, como el O. Henry Award y el Pushcart Prize, por libros como “Calles y otros relatos” y “Ventanas y otros relatos” (ambos publicados en español por Eterna Cadencia).
Honrado por la Fundación Guggenheim y la Academia Americana de las Artes y las Letras, su escritura fue descrita como urbana, realista y experimental, pero Dixon no se ciñe a definiciones y dice que escribe en forma “clara” sobre temas universales (muerte, vejez, amor) que salen de su experiencia. Ahí es donde entran los registros de su natal Nueva York (1936) o la huella que la muerte de un hermano mayor, cuando él aún era chico, dejó en sus textos.
Páginas: 476
Editorial: Eterna Cadencia
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