Joaquín Morales Solá
LA NACION
“¿La Corte Suprema le asestó al Presidente una derrota en el conflicto tarifario? No. ¿Macri puede decir, en cambio, que se ha llevado un triunfo notable? Tampoco. Sin embargo, el problema se resolvió (hasta donde se resolvió) sin condenar al Gobierno a enfrentar una monumental crisis política y económica”, dice Morales Solá, que afirma que no hubo vencedores ni vencidos. “Conservado el 74 % de los aumentos que fijó, la administración tiene todavía la posibilidad de recuperar la mitad de lo que teóricamente perdió con el 26 % restante. Ésa era la cuestión central para el Gobierno y lo que consiguió, en verdad, no es poco”, añade. La administración se dejó llevar por la primera información (surgida -es cierto- de una comunicación sesgada de la propia Corte) y se enfureció ante lo que parecía un desastre. Un día después, el viernes, cuando leyó todos los dictámenes del tribunal, cambió su inicial ofuscación. “Ganamos la batalla. Falta ganar la guerra”, concluyó. Afirma que el gobierno debería tomar nota de los errores y descarta que la Corte se convierta en un impedimento ideológico para las políticas de Macri. El fallo de la Corte encontró el atajo “para no provocar una enorme crisis fiscal y política. No es un gesto menor”.
Mario Wainfeld
PAGINA 12
“El fallo de la Corte Suprema del jueves no nació de probeta: se dicta en un contexto político y judicial que influyó en los magistrados”, dice Wainfeld, que alude a “las señales de la calle que el Gobierno no comprendió”. Asegura que “los cortesanos captaron que se los quería hacer dictar el fallo más antipopular de la Corte desde que el presidente Néstor Kirchner la depuró y requete mejoró en 2003”. La bulla de los usuarios permitió que, por ahora, millones de hogares quedaron “ a cubierto del tarifazo porque cientos de miles de personas de a pie defendieron con ahínco su derecho”. El macrismo cayó en las trampas habituales para los gobernantes: “creerse la narrativa que inventa y subestimar a los adversarios”. En cuanto al contexto político dice que “el Gobierno manejó con astucia y desparpajo la relación con los gobernadores, legisladores e intendentes opositores. Le puso empeño y dinero al trato con las organizaciones sociales. Contuvo, distrajo, hasta sumó. Pero se durmió sobre esos laureles sin reparar en que estaba construyendo una vastísima oposición social, merced a la política económica”.
Eduardo van der Kooy
CLARIN
“Macri había decidido apostar a todo o nada el aval de la Justicia al aumento en las tarifas del gas. El fallo de la Corte Suprema lo dejó con nada. O casi nada, si se fija una mirada complaciente. El Gobierno está ahora ante un doble desafío. Debe recalcular su metodología de acción política; también las metas económicas, uno de cuyos ejes es el recorte de subsidios en las tarifas para aliviar el déficit fiscal”, dice Van der Kooy. “Al macrismo le estaría sucediendo algo paradójico: transmite a la sociedad la idea de la implementación de un ajuste que la macroeconomía no registra en idéntica magnitud. Pero fomenta el malhumor”. Dice que “observado en perspectiva, resulta difícil de entender el camino tomado por el Gobierno. El aterrizaje en la Corte Suprema fue obra de su exclusiva voluntad mediante la presentación de un recurso de queja, después de un tropezón ante la Cámara Federal de La Plata. ¿Por qué razón tanto apuro? ¿Por qué haber desoído las observaciones de la oposición? ¿Por qué no haber reparado en los consejos de funcionarios y dirigentes de Cambiemos para rastrear una salida consensuada? ¿Qué garantía suponía tener de parte de los cuatros jueces, obligados al bautismo en su nuevo tiempo político con una decisión fundamental?”.
Jorge Fernández Díaz
LA NACION
El equipo del Presidente “no supo ganar el partido final de las tarifas y debió entregarse al dramático albur de los penales. Poner el destino en manos de una Corte que ni remotamente domina es como encomendarse a algo tan etéreo como la suerte; ya había perdido antes de llegar a esa instancia de los doce pasos. Luego se la clavaron en el ángulo y a cantarle a Gardel”, dice Fernández Díaz. Añade que “queda empezar de nuevo, porque afortunadamente el torneo de la democracia sigue y la política, como el fútbol, da revanchas todos los días. Pero sería imprudente hacerlo sin entender las razones de la derrota, sin reflexionar sobre las características del juego y sin mentalizar a los jugadores para que no se enamoren del error”. Más adelante analiza la estructura política del oficialismo y la define así: “el cirujano interviene con el bisturí; el clínico cura con el ojo y la palabra. Este hospital de alta complejidad tiene buenos laboratoristas (Durán Barba, Marcos Peña), está plagado de cirujanos eficaces (Prat-Gay, Lopetegui), pero carece de clínicos capaces de detectar acechanzas ocultas y sanar con el acto médico. Le faltan, por lo menos, 5 Monzó y 7 Sanz”.
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