Lo escuché por primera vez, en vivo, a finales de los años 60 durante mi residencia estudiantil en París, dirigiendo la Orquesta Sinfónica de Montreal. Me impresionó vivamente su estilo de conducción desde lo físico, mezcla de gladiador romano y espadachín de la corte de los Luises, todo a favor de un discurso musical siempre interesante y sin fisuras.
Sin duda es motivo de alborozo que Zubin Mehta y “su” Orquesta Filarmónica de Israel, arriben hoy a La Plata. Ese “ romance” que se inició en 1969 con la actuación de Mehta como Director invitado, fue gestándose a través de diferentes modos de relación hasta que cobró forma definitiva en 1981, fecha en la que el maestro se constituyó en Director Musical vitalicio, figura escasamente utilizada para los conductores, ya que, por el contrario, suelen ocupar ese sitio por pocos años.
El carácter de este compromiso, por otra parte, no impidió que el director indio transitara por los podios mas encumbrados del mundo mostrando una gran versatilidad que le permite zambullirse con la misma autoridad en una ópera de Wagner como “pintar” con tenues trazos, los tramos más delicados del impresionismo francés o resguardar el equilibrio sonoro y formal de los clásicos.
Pero si sus propuestas artísticas son altamente conmovedoras, no lo es menos su “cruzada” en favor de la formación musical de niños y jóvenes de zonas de extrema pobreza, que comenzó en su propio país, con su hermano Zarin y siguiendo los pasos de su padre, luego extendida a otras regiones del mundo.
Ojalá que esta apasionante faceta de nuestro distinguido visitante ayude a afirmar e incrementar las experiencias que en nuestro país vienen desarrollándose con grandes dificultades.
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