Guillermo Luna era dueño de, al menos, dos clínicas privadas dedicadas a tratamientos estéticos y de belleza. En el barrio porteño de Recoleta, el instituto funciona en Billinghurst 1873.
En 41 entre 9 y 10 están los consultorios IMO. Por lo que anuncia un cartel en la fachada, allí se tratan casos de medicina ortomolecular, es decir, vinculados a tratamientos estéticos. De acuerdo a fuentes del caso, ese lugar le pertenecía a la cosmetóloga Laura Favre.
En el sitio web de la sucursal porteña, se detallan los diferentes tratamientos ofrecidos: bótox, cirugías de mamas, lipoescultura y electroestimulación, entre otros. También figura el curriculum de Luna.
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