Así define su hábitat Candela González Arzac, ceramista y pintora nacida, criada y residente de City Bell. “Nací acá; mis abuelos paternos y mis papás vivían acá. Elijo City Bell una y mil veces y me siento afortunada de poder vivir en el lugar que amo y que mis hijos más chicos crezcan más o menos de la misma manera que viví cuando era chiquita”, dice esta artista que vive rodeada de su obra, en general vajilla, que pueblan su hogar, desde la cocina hasta el taller, pasando por cada rincón.
“Siempre, desde los cuatro años fui a talleres de arte. Siempre amé la cerámica. Cada vez que pude tener contacto con el barro lo hice. Cuando dejaba, por dedicarme a otras cosas, siempre lo que extrañaba era volver a la cerámica. Lo hice en la infancia, en la adolescencia después también me dediqué a la pintura: Siempre mi elección pasaba por lo artístico. Pasé por distintos talleres. Mis maestras fueron Alicia Calandra, clave en la infancia y adolescencia; Charo Perelli; Luján Podestá, Silvina Piati y Kity Di Bártolo, en pintura”, recuerda Candela.
RECALCULANDO
“Hace unos años, después de un replanteo sobre cómo quería vivir y tratando de encontrar qué era lo que realmente me hacía feliz ,me di cuenta que lo que me encantaba era cocinar, hacer cerámica y pintar. Empecé cocinando para amigos y conocidos. Cada vez mis propuestas gustaban más y siempre trataba de poner el plus de la estética y del detalle. Empecé a hacer desayunos que es algo que amo hacer, porque logré conjugar las dos cosas: la buena gastronomía y la estética. Y es algo que siento hace feliz a todas las partes: al que regala, al agasajado y a mí, que me permite plasmar todo lo que sé y lo que disfruto”, afirma la artista.
“Lo cierto es que mi casa, de a poco se fue transformando en mi lugar de trabajo, se fue adaptando, y así creo que seguiremos eternamente. La cocina está llena de placas, moldes, picos de mangas. La galería llena de moldes y tarros de barbotina donde trabaja Cato, mi esposo. El living lleno de muebles de colores pintados por mí y arrebatados de cerámica. Y lo que era el garage se transformó en el taller de cerámica. Ahí paso muchas horas del día y poco a poco se va armando”, cuenta entre risas Candela.
“Mi casa está abierta para que todo aquel que quiera pasar a ver la cerámica pueda hacerlo y encargar a su gusto tratando de tener muchas líneas diferentes para que todos puedan disfrutar de este arte según los distintos estilos de sus casas. No suelo ir a ferias ya que no es tan sencillo el traslado de las piezas y armado. Todo se rompe con lo cual trato de tener muchas variedades de horarios para que puedan pasar por casa tranquilamente cada vez que alguien quiere regalar o regalarse”, dice.
Candela tiene 4 hijos y un esposo, Cato, a quien describe como “el mejor compañero del mundo, que me acompaña en todo lo que me propongo. Tanto es así que de su estudio de contador en pleno centro de la ciudad vuelve a vestirse con ropa vieja para poder trabajar la cerámica. Cuando vimos que mis cacharros gustaban tanto empezó a trabajar conmigo hasta transformarse en parte fundamental del proyecto. En menos de un año aprendió, trabajó incansablemente día y noche (nunca dejó el estudio) y perfeccionó la técnica y cada una de las piezas que hace es una maravilla. Para mí es un lujo poder plantar mi arte sobre cada una de ellas que están trabajadas y terminadas minuciosamente”, relata con orgullo.
PUERTAS ADENTRo
Si bien este año Candela participará nuevamente en la muestra Idear -cuya nueva edición será en Villa Elisa-, siempre prefiere exponer sus obras puertas adentro, en su casa.
“A fin de año, en diciembre, haremos una feria en casa. Me encanta este concepto. Me gusta que vengan a casa, que vean cómo se hace cada una de las piezas. Llenar de cacharros todos los rincones del parque y que con un mate de por medio y algo rico la gente venga a disfrutar de comprar sus regalos de fin de año. Hacemos fundamentalmente cerámica utilitaria, porque es lo que más me gusta a mí, supongo. Estudié diseño de interiores, entonces eso también es lo que me lleva a poder plasmar mi arte en los diferentes estilos. Me encanta cocinar, entonces me encanta que los elementos sean lindos para hacerlo y disfrutarlo desde que agarro el cuenco hasta que terminó de amasar el pan casero dentro de él. Me encanta recibir y llenar la mesa de fuentes y platos y bowls todos pensados combinados. Me gusta; creo que todos disfrutan de eso de la estética, del cuidado, del detalle, del gesto”, describe la artista.
“Dentro de los próximos proyectos estamos terminado de acomodar el taller para poder dar clases. Eso es algo que me piden muchos y me dan ganas de hacerlo. Seguramente sea para chicos, ya que también soy maestra jardinera y los extraño. Me gustaría poder enseñar ésto y sembrar esa semilla que alguna vez sembraron en mí cuando fui chiquita y hoy me hace tan feliz”.
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