Un convento de la ciudad entrerriana de Nogoyá fue allanado tras una denuncia por torturas, y hallaron “ciertos elementos de tortura y autoflagelación” como látigos y silicios, informó el fiscal que lleva adelante la causa, Federico Uriburu.
Se trata del convento católico de las Carmelitas Descalzas, ubicado a unos 100 kilómetros de la capital entrerriana.
El Fiscal Uriburu detalló que la Superiora del lugar “resistió el ingreso de los funcionarios judiciales y policías, que tras unos minutos lograron forzar la puerta”.
Al ingresar “no hubo necesidad de revisar cada cuarto, porque se aportaron en forma voluntaria una cantidad de cilicios y látigos, pequeñas fustas de unos 40 centimetros, y se secuestraron libros de actas.
En una habitación se halló una “gran biblioteca con numerosos libros de teología y religión pero no hay manuales o libros sobre la instrumentación de prácticas de tortura”, resaltó Uriburu.
Asimismo, se precisó que las internas fueron revisadas de a una por el médico de policía, aunque “de manera “muy superficial”, debido a las cuestiones religiosas.
En ese sentido, se indicó que “hay bastante resistencia de parte de la Superiora”.
En el lugar trabajó la comisión del delito de privación ilegítima de la libertad agravada de la Justicia de Nogoyá, autoridades judiciales y efectivos policiales del grupo de Operaciones especiales de la policia de Entre Ríos.
Mientras tanto, el vocero del Arzobispado de Paraná, Ignacio Patat, señaló que “los elementos forman parte de la manera de vida de la disciplina de las internas”.
Según se había señalado en la denuncia, “las monjas nunca pudieron ni abrazar a un familiar”.
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