El terremoto que el miércoles sacudió el centro de Italia, dejó auténticos pueblos fantasmas, con cientos de sobrevivientes que pasaron su primera noche en campamentos para damnificados, prácticamente en vela. Soportaron una noche en la que la tierra no dio tregua y se registraron hasta 300 réplicas de distintas magnitudes.
Con la salida del sol, llegó algo de calma tras horas de pánico y angustia. Alessio Filodei, que residía en Pescara del Tronto (uno de los pueblos arrasados), reconoce haber sentido “gran miedo” cuando todo tembló. Instalado en el campamento de Arquata, reconoce que no sabe cómo está su casa, aunque sospecha que “no habrá quedado mucho de ella”. Dice que durmió “muy poco” porque “el miedo aún es muy grande”.
A Francesco Morelli (17), que veraneaba en Pescara del Tronto, el terremoto lo sorprendió de paseo. También instalado en el campamento para desplazados en Arquata del Tronto, recuerda la noche del desastre: “estaba paseando con un grupo de amigos cuando, de repente, se produjo un estruendo y nos encontramos rodeados de polvo y bajo un pánico total”. Cuando el polvo se disipó, vio gente corriendo por todas partes y se dio cuenta de que tres de sus amigos, “más pequeños, de 14 años”, yacían muertos bajo grandes cascotes. Como el resto de los sobrevivientes, su primera noche tras el sismo estuvo salpicada de visiones y pesadillas.
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