Si bien no se espera ninguna resolución oficial, la intención del Gobierno es comenzar a poner un lento freno a algunas importaciones, particularmente sensibles para la industria nacional y cuyo ingreso al país ha generado crecientes protestas de los empresariados locales, que ven deteriorarse su producción.
Hasta ahora la estrategia era agilizar el ingreso de algunos productos del exterior en aquellos sectores que más aumentaban los precios, como una especie de ancla antiinflacionaria que se sumaba al lento deterioro del tipo de cambio, debido a la fuerte suba del costo de vida.
En cambio ahora se habría tomado la decisión de frenar el ingreso de los productos finales que, a su vez, se fabrican localmente.
Se trata de una medida tendiente a impedir el deterioro del mercado laboral y de evitar una mayor conflictividad en las relaciones con los empresarios, en especial los pequeños y medianos.
De esta forma, el Gobierno está a punto de dar un brusco giro de timón, comenzando a proteger la producción nacional de los sectores más sensible de la economía, algunos de los cuales se han visto afectados especialmente en los últimos meses.
El cambio de estrategia contempla que los productos que más rápidamente ingresarán al país son aquellos insumos destinados a los procesos productivos, en especial los que aún están pendiente de ingreso desde el año pasado. Así se buscaría frenar algunas importaciones destinadas al consumo, en especial de los sectores de mayores recursos.
Desde el oficialismo se asegura que el brusco descenso en la tasa de inflación prevista para este mes de agosto posibilita la opción de abandonar la idea de incorporar productos importados como opción ante la suba de los precios.
Según trascendió el brusco giro fue acordado por gran parte del gabinete económico y comenzaría a aplicarse de inmediato.
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