El capítulo más reciente y revolucionario de la neurociencia y la neuroética es el neuromejoramiento de la mente humana en sus funciones cognitiva, anímica y mnésica. Las drogas usadas originalmente para tratar la narcolepsia, el déficit de atención, pueden mejorar la concentración en personas sanas adultas. En el caso de los narcolépticos, su principio activo impide la recaptación de la dopamina y la noradrenalina, lo que tiene un efecto estimulante en la corteza cerebral que ayuda a mantener la vigilia. Una de ellas se empleó en 1991 en la guerra del Golfo para mantener vigiles a los soldados. Poco después se utilizó y utiliza entre estudiantes de los EEUU con la finalidad de mejorar el rendimiento, pero no se ha establecido si ello es así. Hasta ahora se han conseguido mejoras, en este aspecto, pero rodeadas del halo de un deseo que hace que se hable más de sus cualidades que la realidad de sus acciones. La película Sin Límites, cuenta la historia de un escritor que acepta consumir una sustancia experimental que mejora su capacidad intelectual un 100%, otorgándole un alto poder de concentración y de coeficiente de inteligencia, pero poco a poco se convierte en arma de destrucción personal. Pero es una ficción, por lo menos hasta hoy. Tiene potencial adictivo y efectos cardiovasculares, aunque menores que los de las anfetaminas, asimismo estas sustancias pueden provocar trastornos del carácter o del sueño si no son prescriptas profesionalmente.
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