De numerosos años de trabajo en la tevé norteamericana, McDougall vivió de lleno la transformación de la televisión de Estados Unidos a una nueva serie de oro, con ficciones de altísima calidad compitiendo por la atención de los televidentes. “Lo más importante es tener una buena idea y llevarla adelante gracias al buen trabajo de un equipo, pero de todos modos resulta imposible augurar su aceptación”, dice sobre este momento, y revela que “en señales como HBO o Fox, donde trabajé, cada año realizan alrededor de 12 pilotos de prueba de series, de los cuales sólo funcionan dos o tres, el resto se desecha, lo que implica una gran pérdida de dinero. Básicamente existen tres desafíos: uno, consiste en pensar una historia lo mejor posible; el segundo, filmar el piloto y que guste y el tercero, realizar la serie. A veces sucede que un drama se produce, sale al aire y a los dos o tres capítulos de emitido lo levantan de la grilla, porque la audiencia no responde. Parece como si la creación se pinchara, como si el cuento no tuviera la fuerza suficiente como sostener el atractivo”.
“Las nuevas plataformas”, opina además, “están aggiornando las formas de narrar las ideas y así revitalizan las formas de contarlas. Antes había siete u ocho grandes productoras de contenidos y series, mientras que hoy existen cientos de plataformas y pantallas para verlos, algo bueno a nivel creativo”.
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