La abogada platense Vanessa Rial (40) se sentó ayer frente al Tribunal, antes pidió hacerlo con todos los medios periodísticos presentes y con el acusado (su ex novio Jorge Cristian Martínez Poch) fuera de la sala, y angustiada y quebrada por el llanto recordó, entre otras cosas, que el acusado le arrancó uñas de los pies, que la violó él y sus amigos y que la obligaba a beber su orina.
Durante más de tres horas describió que vivió una pesadilla, de la que aún no ha podido salir, porque vive medicada, en tratamiento permanente, a tal punto que ayer declaró con su psicóloga al lado, en el estrado.
Vanessa dijo que Martínez Poch (51), ex disc jockey de la noche platense, “me drogaba, golpeaba, obligaba a mantener sexo con otros hombres y hasta jugaba a hacerme tiro al blanco con rifles y cuchillos“.
También reiteró que todo esto se lo hizo mientras la mantuvo secuestrada casi dos meses, hasta el 24 de septiembre de 2013 cuando fue rescatada por la Policía, a partir de la denuncia de una vecina de la calle 58, entre 23 y 24.
Rial dijo que su ex , en ese cautiverio, le arrancó las uñas de los dedos gordos de ambos pies con unas tenazas, que con frecuencia la obligaba a beber su orina y a realizar prácticas sexuales aberrantes con una perra.
“Yo quería escapar, pero no tenia voluntad debido al alcohol y las pastillas que me obligaba a tomar”, recordó llorando Vanessa cuando el presidente del Tribunal, el juez Juan José Ruiz, la interrogó en ese sentido.
Rial recordó que todo se inició a fines de agosto de 2013, cuando un abogado amigo le presentó en un bar de La Plata a Martínez Poch.
“Me dijo que era ingeniero recibido en EE. UU., que era viudo y tenía dos hijas grandes con las que tenía una excelente relación. Me pareció encantador, seductor, era el Príncipe Azul, pero al tercer día me dio la primera paliza y me mostró toda su maldad”, contó Rial.
Vanessa narró que paso un fin de semana con él y que el lunes “cuando desayunábamos sacó un puñado de pastillas y lo tomó, luego me dijo que las tomara, que eran vitaminas y me iban a hacer bien, para no contradecirlo las tomé y en el trabajo (un estudio jurídico platense) me sentí cansada”.
Ese lunes, Martínez Poch “me pasó a buscar en una moto, no quería subir y me obligó bajo amenazas de hacer algo contra mis padres, dándome información sobre la rutina de ellos, datos que nunca se los había dado y seguro los averiguó por su cuenta”.
“Asustada - agregó - subí, y a contramano y a gran velocidad por el centro de La Plata, me llevó a comer y me dijo que sólo debía hablar cuando él me lo indicara”.
“Ese día -agregó- me dijo `sos una negra de mierda, no existís, mi moto vale más que tu vida´”.
Rial recordó que luego de cada golpiza, Martínez Poch la colocaba en un fuentón y la lavaba con lavandina y desinfectante lo que le ocasionaba ardores terribles en las heridas”.
“Le tengo terror, estoy tomando medicación para no tener alucinaciones con él, tenía alucinaciones auditivas y visuales. Salgo a la calle y me siento perseguida, trato de salir adelante pero a veces es imposible, hay mucho dolor”, reconoció.
La abogada contó también que no puede siquiera mirar la telenovela Moisés, porque ve cómo le pegan a los esclavos y se siente como uno de ellos.
SUSCRIBITE a esta promo especial