El estremecedor caso de la provincia de San Luis, en donde un matrimonio mantuvo a su hijo de 7 años encerrado y encadenado, hasta que fueron denunciados por vecinos y detenidos, no sólo provoca estupor y origina una gran preocupación, sino que, al mismo tiempo, replantea para la sociedad y las autoridades la necesidad de extremar esfuerzos tendientes garantizar que los chicos puedan disfrutar en plenitud de los asisten.
En ese contexto y de acuerdo a las conclusiones ofrecidas en una nota publicada en este diario, el seno familiar resulta ser el escenario más frecuente para el maltrato infantil en nuestro país. Se trata, como se sabe, de un flagelo que se detecta asimismo en los ámbitos escolares y en las guardias de los hospitales, aunque muchos de los episodios nunca salen a la luz, según indican los especialistas cuando aluden a un fenómeno tan en expansión como frecuentemente invisibilizado.
Asimismo, los últimos datos conocidos para la Región, que son del año 2014, hablan de 4.000 situaciones de maltrato atendidas, (16 por ciento más que las del año previo) y de que más de la mitad de los chicos y adolescentes que permanecen internados en instituciones de la Provincia llegaron allí como consecuencia de alguna forma de maltrato en el hogar.
Como se sabe, desde la Asociación Argentina de Mujeres de Carreras Jurídicas se explicó oportunamente a este diario que, contrariamente a lo que pasa con la violencia contra la mujer, el maltrato infantil muchas veces no se denuncia debido a que persiste una idea social del dominio que a familia tiene sobre el chico como algo privado.
Así también otros estudios aportaron datos igualmente preocupantes, entre ellos una encuesta de la Unicef sobre condiciones de vida de la niñez y adolescencia, que revela que el 46,5 por ciento de los padres utilizó el castigo físico para disciplinar a sus hijos y el 65,2 por ciento reconoció haberlos agredido psicológicamente. Además uno de cada diez madres y padres reconoció haber aplicado un castigo físico severo.
Tras detallarse que suelen ser los abuelos de las víctimas quienes más denuncias presentan, los expertos consideran fundamental que todo el entorno del niño se involucre y permanezca alerta a estas situaciones, mencionando allí a la actitud que pueden y deben mantener abuelos, tíos, amigos, vecinos, docentes o médicos que puedan detectar tales episodios.
Esta grave situación se presenta en el marco de la creciente existencia en el seno familiar, en situaciones que, además, indujeron a muchos niños y adolescentes a tomar la decisión de irse de sus casas, generándose así muchas y dramáticas situaciones de desaparición y de abandono.
En buena hora se dispone y se hacen conocer datos que marcan para la sociedad un desafío impostergable: el de luchar a toda costa y desde todos los sectores que sean necesarios, para enfrentar con mayores fundamentos una realidad social tan compleja como necesitada de asistencia. Una realidad que, como la del maltrato a niños y adolescentes, puede tornarse, inclusive, cada vez más difícil de resolver si se prefiere ignorar algunas evidencias, en lugar de conocerlas y enfrentarlas.
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