María Amalia Díaz, la esposa del ex secretario de Obras Públicas José López, se despegó ayer de su marido al rechazar la acusación de enriquecimiento ilícito que pesa sobre ella; negó haber sabido de la existencia de los casi nueve millones de dólares que el ex funcionario llevó al convento de General Rodríguez y afirmó que su matrimonio estaba “en decadencia”.
La mujer compareció ante la Justicia como acusada y entregó un escrito en el que afirmó que la noche en la que López fue al monasterio a dejar la plata “José estaba nervioso” y ella “presumía una infidelidad”, tras lo cual reseñó que discutieron cuando vio que él bajaba con un arma. “Niego los hechos que se me imputan. Nunca ayudé ni participé para que mi marido se enriqueciera ilícitamente -dijo ‘Mary’, como le decían las religiosas-. Desde que compartimos nuestra vida y según es mi conocimiento siempre hemos adquirido nuestros bienes con el producto de nuestro trabajo”.
POR ESCRITO
Díaz llegó a tribunales federales de Comodoro Py 2002, en Retiro, y estuvo toda la mañana reunida con su defensora oficial Perla Martínez -la misma letrada que representó ayer a la religiosa Inés Aparicio-, preparando el escrito en el que haría su descargo ante el juez Daniel Rafecas.
A las 12.30, la mujer -que la semana pasada dio la última materia para recibirse de abogada- ingresó al despacho del juez tapándose la cara para esquivar a algunos periodistas que quisieron retratarla con sus teléfonos celulares. Y allí, sin aceptar responder preguntas, entregó el documento donde afirmó su inocencia sobre el delito de enriquecimiento ilícito, por el que estaba imputada desde el mismo momento en que comenzó a investigarse a su esposo, en 2008.
Según el documento, la mujer negó “rotundamente participación alguna” en la tenencia de los casi 9 millones de dólares que llevó López al convento de General Rodríguez en la madrugada del 14 de junio último, cuando fue arrestado.
“Desconocía la existencia de ese dinero y desconozco si éste le pertenece o no. Ese dinero no era de mi conocimiento y no formaba parte del patrimonio de la sociedad conyugal”, aseveró e hizo hincapié en que vive con “estupor” y la “sorpresa” por “el giro que ha tomado” su vida “desde esa noche”, que “aún no cesan”.
Contó que el ex funcionario tenía por esos días “un comportamiento atípico”: estaba “inquieto, ansioso y algo paranoico”, se sentía “vigilado y perseguido” y creía que “su teléfono estaba siendo escuchado”.
Intentó justificar la cantidad de llamados que tuvieron ese 13 de junio, contó que ella estaba molesta por su actividad y confesó: “Nuestro matrimonio hacía meses que venía en decadencia; teníamos diferencias y yo me sentía muy alejada de él. Yo presumía infidelidad de su parte por él”. Y aseveró que “asociaba su comportamiento anormal a ello”.
La mujer habló de la pelea que tuvieron esa noche y dijo que llamó a la madre Alba: “Honestamente no quería saber nada con José y tampoco quería que la Madre intentara conciliar entre nosotros. Luego no atendí más llamados”.
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