1916. El mundo es otro mundo. Tiempos de modernidad y retraso, de ciencia y cultura de avanzada y la atrocidad de la Gran Guerra. Sigmund Freud buceaba en el Yo, el Superyo y el Ello con su Introducción al Psicoanálisis. Albert Einstein publicaba su Teoría de la relatividad. En Seattle William Boeing se dedicaba a la industria aeronáutica. Londres, New York, Paris, San Petesburgo y Viena era las ciudades más pobladas del orbe. Mientras México atravesaba su Revolución, Verdún era horror, en una batalla entre alemanes y franceses que duraría 10 meses. "No pasarán" dijo el General francés Robert Nivelle, por eso un cuarto de millón de muertos fundieron sus huesos en esas tierras hace 100 años...El 27 de agosto del '16, el reino de Rumania le declaraba la guerra a Austria-Hungría y enviaba tres ejércitos a través de los Cárpatos a ocupar Transilvania. Claro está, de este lado del mundo se enterarían varios días después.
1916. Argentina empezaba a ser otra Argentina. El orden conservador sucumbió ante el sufragio secreto y obligatorio. El 2 de abril -una fecha que entonces no tenía significado- el Peludo Yrigoyen acompañado por Pelagio Luna ganaba las elecciones con 339.332 votos. Y más allá del éxito de los viejos revolucionarios del Parque, el fútbol argentino empezaba a ser una pasión popular que festejaba el centenario de la Independencia con una proto Copa América, el primer torneo Sudamericano de Fútbol.
Invierno de 1916. La Plata ya no era la de hacía casi 35 años, "la Nueva Capital/donde se gana dinero/con poco trabajar". Una ciudad con más de 100 mil habitantes, tranvías, autos, Universidad Nacional. Salones donde se le sacaba viruta al piso. Pitucos y orilleros. Una ciudad en la que Almafuerte se moría y transitaba sus últimos meses "con el tesón del clavo enmohecido/que aún viejo y ruín vuelve a ser clavo". Una ciudad en la que ya convivían dos sueños...
Con 18 años de diferencia, Gimnasia y Estudiantes se cruzaron en esos tiempos viejos en una ruta de dos manos. Cuando Gimnasia se quedó sin la Plaza de Juegos Atléticos y le dio la espalda a los deportes al aire libre, nació Estudiantes, desde las ganas de 20 muchachones reunidos en la zapatería Nueva York. Miguel Gutiérrez, que había sido presidente de uno, fue el primer presidente del otro. Los colores, los de Alumni. Y en octubre del '14, un problema interno en Estudiantes entre grupos antagónicos (Ludovico Pastor de un lado, Emilio Fernández y Ángel Bottaro del otro) terminó con las salida de los últimos al club Independencia, que apenas después se fusionó con Gimnasia a instancias de Roberto Felices (29 a 28 la votación favorable, desempató Amós Valentini, presidente de Independencia). Con seis ex Estudiantes, el equipo empezó 1915 como Independencia y fue Gimnasia a la tercera fecha. El artículo 38 de la fusión rezaba que la indumentaria sería "camiseta blanca con franja horizontal a la altura del tórax". Terminó ascendiendo a primera, ganando la Copa Competencia (a San Isidro) y la Copa Campeonato (a la reserva de River).
Es 27 de agosto y en La Plata juegan Esudiantes y Gimnasia en cancha del primero. Nadie piensa en Verdún ni en el ejército rumano atravesando los Cárpatos...
-Che, pibe, dame el diario - dijo el cajetilla, los tamangos lustrosos y el sombrero de lado.
El purrete no dijo palabra, mientras con la derecha entregaba el diario El Día y se apuraba por apretar las 5 guitas en el puño zurdo.
-A ver que hay -dijo el elegante, mientras desplegaba las inmensas ocho páginas.
El tipo tenía que hacer tiempo y miraba a vuelo de pájaro alquileres de piezas, remates y avisos de prestamistas. Un ama de leche se ofrecía. Primeriza, para dar tres veces por día. Calle 115, 61 y 62 núm. 1435.
Arriba, otro aviso le llamó la atención.
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ADIVINA POR TODOS LOS JUEGOS DE barajas más modernos;también se tiran a la gitana;
se encuentra toda clase de talismanes y amuletos; cruzada de agua y arreglos de novios por difíciles
que sean. Calle 59, 14 y 15, núm 965.
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El aviso no le recordó problemas de trabajo. Tenía su chapa de"dotorcito" y buenas relaciones. Tampoco había problemas de amores, ni con Mabel, la noviecita de barrio ni con "la otra". Sin embargo, un pensamiento le cruzó la mente como un rayo: "¿sabrá la bruja como salen hoy?". Mientras se acariciaba el bigote azabache, dijo para sí:
-¡Qué tontería! -de escuchó decir. El pensamiento había huído de su cabeza.
Tenía amigos en los dos equipos, por eso no quería soltar prenda sobre sus preferencias. Compañeros de copas, de confidencias, de noches largas y regresos iluminados por la luna. "Caballeros y atorrantes", pensó.
Esa tarde jugaban además el tricampeón Racing ("esos hacen roncha") con Argentino de Quilmes y el sorprendente Platense versus River Plate. Ya era hora. Caminó entre esos tilos que trajeron de Alemania por calles y diagonales.Pasó por la Cigarrería Cadario, que le brindaba su provisión mensual de los "43". Recordó que a la noche, en el teatro Ideal, habría otra función de Los Zilinsky, pero ya caminaba hacia el field, donde vería a Carlos Galup Lanús, Ernesto Gurruciaga, Jorge Calandra y el goalkeeper Emilio Fernández, que había atajado para el Combinado contra los uruguayos.
La cancha de Estudiantes estaba repleta. Era el acontecimiento de la ciudad.
Por Estudiantes, campeón en 1913, jugaban Ovidio Duarte Indart; Ludovico Pastor y Carlos Galup Lanús; José Aranguren, Emilio Ferreyroa y Juan Cilley; Jorge Calandra, Delfin Lascano, J.J.Lamas, Alfredo Letamendi y Oscar Hirschi. Edmundo Ferreyroa había ascendido en 1911 con Estudiantes, el año anterior con Gimnasia y había regresado al club.
Gimnasia alistó a Emilio Fernández; Diómedes Bernasconi y Andrés Varela; Eleodoro Negri, Roberto Felices, José Iglesias, Américo Girotto, Ángel Bottaro, Ernesto Gurruciaga, Manuel Álvarez y Ricardo Arrúa. Muchos habían ascendido el año anterior y la campaña era buena.
-Una oficial, por favor -pidió la entrada.
-Son dos pesos -escuchó.
-Epa amigo -dijo, mientras acomodaba el diario bajo el sobaco para buscar los dos pesos en el bolsillo del pantalón. No lo dijo porque no los tuviera. Ahí entendió por qué tanta gente estaba en 1 y en 57. Enseguida, los vio treparse a árboles, convertir carteles en tribunas detrás de un arco y hacer negocio a los carreros, que cobraban 10 centavos para espiar el partido desde arriba del carro. Mientras divagaba en torno a la aristocratización del sport y la marginación del football de las clases populares -a las que le faltaban siempre 5 p'al peso, eso costaba la entrada- los equipos estaban en la cancha, entres vítores populares y damas y caballeros que pisaban por primera vez un field porque querían "saber de que se trata".
Mientras el diario brindaba sus últimos estertores como protección del pantalón, el "dotor" veía caras conocidas: por allá la familia Ramos. Más acá, Alfredo Lartigue, dueño de casa. Los Ariznabarreta. Isla y Devoto que departían amablemente, cigarros en mano. Sheddon y señora, cerca del campo. Della Croce, más arriba. la señor de Loustalet hablando con los Susini...y los teams con el referee Hugo Gondra, para comenzar las acciones.
Nunca se había vivido algo así en el Bosque. Ni siquiera con el campeonato de la Federación, cuando Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires era el rival estudiantil. Había quedado pica entre los "fieles" que se quedaron y los "triperos" que se fueron.
-Bah, tripero le dicen a Fernández, porque es de Berisso. Los otros no. -dijo uno que conocía bien la historia.
-Lartigue se lo dijo, por el Swift -agregó otro.
-Callensen, que ahí empieza- terció uno de gorra. A todas luces, un colado en la Tribuna Oficial, con pinta de venido de Las mil casas.
-Urra por los Estudiantes, -se escuchó desde la popular. Otros, gritaban por Gimnasia.
El partido, en marcha, era un lindo entrevero de pierna fuerte, más barro que pasto y más ganas que juego.
-Nos faltan dos titulares -lamentó un estudiantil.
-No juega Ricardo Naón -musitó un gimnasista. -Es el mejor nuestro, -acotó su compadre.
-Lamas no anda de centreforward, -dijo uno de anteojos. La mujer miraba sin entender.
-Ay, los backs -decía uno enfrente. Y agregó -Menos mal que el portero es Fernández.
Iban 24 minutos (justo el "Dotor" había mirado su reloj de bolsillo y lo estaba cerrando) cuando un tiento fue cruzado para Álvarez. Ante la arremetida del "Indio", Pastor quiso despejar al corner y no hizo más que batir a Duarte Indart, que veía con desesperación que la pelota se le iba al arco. Gol de Gimnasia. Grito de los reos, festejo mesurado de caballeros. Alegría de media ciudad.
A partir de ahí, se mezclaban las voces:
-Flojo Duarte.
-Muy bien Felices.
-¡Qué bien Bottaro!
-¡Todos los forwards!
-¿Qué le pasa a Calandra?
-Los desanimó el gol en contra.
-Decí que los backs andan bien, sino viene el segundo.
-La garra de Hirschi.
-Roberto Felices es un fe-nó-me-no.
El aire estaba raro. Tenso. Los minutos se consumieron entre alegría e impotencia. Gondra dijo basta, a grito pelado. "Final". 1 a 0 Gimnasia con aquel gol en contra. El partido terminó como lo que era. un lance de caballeros. Los partidarios de Gimnasia esperaron a sus jugadores y recorrieron la ciudad con una gran bandera al frente, en manifestación.
La noche se hizo larga en Berisso, Ensenada, Tolosa. Los piringundines regaron el festejo. En ese entonces, perder no era dramático. ganadores y perdedores departían acodados en el estaño. Todos pensaban que pronto habría revancha.
A la mañana siguiente, el dotorcito disimulaba las ojeras como podía. Compró los bizcochos Agueda de lata en el almacén Belgrano, de diagonal 80 y 47. Después, fue a comer al restaurant Al Golfo de Nápoles en 51, 7 y 8. Doña María ya le tendría las camisas planchadas.
Vio otra vez al pibe y le pidió el diario. Leyó "Gimnasia fue más homogéneo en su juego. Sus forward combinaron con conciencia muy bien dirigidos por Bottaro. En la defensa, Felices hizo muy buen trabajo, contuvo al terceto estrudiantil alimentando el juego de sus compañeros. Los backs discretos, en cuanto a Fernández esrtuvo como siempre brillante". Se habían recaudado 4.120 pesos. "Un fangote", pensó.
El pibito siguió caminado con los diarios. Tenía que recuperar la plata gastada el día anterior, las 5 guitas apretadas entre los dedos negros de tinta...
Sonreía.
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