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La ola coreana no detiene su invasión en Argentina

Por Redacción

El país asiático busca impulsar su economía exportando series y música: en la Región, los fans se multiplican

La música K-pop, un pop electrónico de origen surcoreano con seguidores en todo el mundo, y las producciones televisivas, especialmente las telenovelas, son la apuesta de Corea del Sur para impulsar su economía, la undécima del mundo.

Las autoridades surcoreanas buscan aumentar las ventas de estos productos culturales ‘made in Korea’ más allá de Asia, donde ya cosechan un enorme éxito, para suplir el estancamiento en las exportaciones de vehículos y móviles de última generación, un nicho que consideran que comienza a agotarse. Y, en contraste, su cultura contemporánea comienza a ser recibida con efusividad en los lugares más recónditos del planeta. Incluso, en Argentina, donde es un fenómeno incipiente.

“La ‘ola coreana’ (o hallyu) sólo tiene popularidad en Asia. Nos falta mucho camino que recorrer para ser globales”, explicó de todos modos en una entrevista con medios internacionales Kang Myung-shin, directora del centro de Convergencia Cultural de Corea del Sur, un organismo de apoyo a nuevos creadores.

Pese a ello, las exportaciones de Corea del Sur relacionadas con la denominada ‘ola coreana’ alcanzaron en 2015 los 8 billones de wones (unos 6.400 millones de euros), lo que supone un aumento del 2,2 por ciento respecto al año anterior y contrasta con la caída de un 8 por ciento registrada en el conjunto de exportaciones del país asiático.

En concreto, la exportación de películas coreanas se disparó un 222 por ciento respecto a 2014, mientras que la de las series de televisión y la música creció un 30,7 por ciento cada una, según datos publicados por el Gobierno.

EN ARGENTINA

La colocación estratégica de estos productos ha sido crucial para el crecimiento: en Argentina, por ejemplo, las series coreanas invadieron Netflix (en marzo estrenó una decena de series del país asiático) y llegaron incluso a la pantalla de Telefé, consiguiendo buenas cifras de rating. Así, la ola coreana consiguió escapar del consumo “under”, realizado por un nicho de jóvenes a través de la piratería de la web, para pasar a ocupar un lugar en las principales pantallas.

La pionera en desembarcar en el país, “Escalera al cielo”, primera serie surcoreana en llegar a Telefé, promedió 9,6 puntos de rating en el poco atrapante horario de las 15, apenas 1 punto menos que “La Leona” en horario central.

El principal impulso lo brindó la amplia base de fans de la cultura coreana congregada en internet, que llamaron a mirar el show para aumentar las mediciones y promover el desembarco de más novelas coreanas.

Así llegaría luego “Mi amor en las estrellas”, otra exitosa novela de Corea del Sur, y, con semanas de diferencia, desembarcarían en Netflix “Eres hermosa”, “Playful kiss”, “Cunning single lady”, “Goddess of Marriage”, “Está bien, eso es amor”, “Can we get married”, “Empress in the palace”, “Jardín secreto” y “Black Butler”, entre otras series de la ola.

TAMBIEN LA MUSICA

Pero el fanatismo local por la cultura coreana no se circunscribe a las series: la música coreana tiene en Argentina sus propios festivales y hasta bandas de coverse, surgidos a partir del intercambio de información y discos en internet pero que hace rato trascienden lo virtual y se constituyen en una tribu urbana. El movimiento tiene tanto empuje entre los jóvenes que Marcelo Tinelli tomó nota, y el ritmo del k-pop llegó a su pista de baile.

Bandas como Big Bang, un grupo de cinco chicos que alternan el coreano con el inglés en sus canciones a medio camino entre la electrónica y el hip hop, ya cuenta con clubes de fans en países hispanohablantes como Argentina o Chile y demuestran que el K-pop se está convirtiendo en un fenómeno sin fronteras.

“Es el momento de que la producción coreana, que tiene mucho potencial, se expanda. Tenemos que mirar fuera e internacionalizarnos, ya que nuestro obstáculo es que la demanda nacional es pequeña”, detalló Kang en referencia a la población del país, de unos 50 millones de habitantes.

Aunque ambicionen mayor éxito, en la actualidad las producciones coreanas ya triunfan fuera de la región: la primera serie de televisión en alcanzar el éxito internacional fue “La joya del Palacio”, de 2003, un drama histórico sobre la primera mujer médico en la corte coreana que se emitió en México y Perú, entre otros países. Hoy, tras la primera oleada coreana en la pantalla chica argentina, y en una tevé cada día más dependiente de las importaciones enlatadas, parece cuestión de tiempo que las series del país asiáticos nos invadan.

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