Para Rubén Szuchmacher “Cosí fan tutte” significa el regreso al género operático tras doce años de ausencia, además de su debut en el Teatro Argentino. Y, agrega, es “mi primera ópera del siglo XVIII, siempre hice siglo XX”.
“Es una experiencia fascinante”, afirma sobre la experiencia, “me provoca alegría todo el tiempo. Hay algo de la contundencia de una ópera de Mozart, y de estar por primera vez en el Argentino, que me pone en un estado de éxtasis casi constante, aún cuando tenemos problemas todo el tiempo”.
Los problemas a los que se refiere son los que atraviesa la institución, que recientemente vio funciones suspendidas por protestas gremiales: “El Teatro está como todas las instituciones públicas, pero toda la gente está haciendo un gran esfuerzo porque las cosas salgan. Siento un gran acompañamiento de todas las áreas del Argentino: si algo no sale, será por un problema estructural que viene de antes, y que sería bueno plantearse”, dice el régisseur.
Consultado sobre la importancia de sostener la ópera a nivel público, en tiempos de crisis y falta de presupuesto para las necesidades básicas, Szuchmacher afirma que “frente a ese tipo de argumentos no entro en discusión. Es absurdo, si uno sigue esa lógica uno debería cerrar los teatros, dejar de financiar las orquestas: yo no creo que el arte sea necesario, y eso es lo maravilloso, su condición de no-necesario”.
“Se puede vivir perfectamente sin mirar una película, leer un libro, sólo con comer y dormir el cuerpo subsiste. Pero espiritualmente sería de una pobreza espantosa”, dice, y agrega que “cuando alguien hace ese argumento de oposición no está pensando que lo que hay que lograr son mejores condiciones para todo el mundo, para que la apreciación artística sea posible, y no tratar de eliminar aquello que produce un estadío diferente. Es una falsa dicotomía, una manera propia del argentino, de resolver de manera binaria el problema”.
El director, de amplísima trayectoria en el teatro, resalta en ese sentido lo “maravilloso” que es que en el Argentino, a pesar de la crisis, “estuvo Zubin Mehta, y en menos de tres semanas ‘La Calisto’, ‘Cosi Fan Tutte’ y un trabajo contemporáneo”.
“Eso es para remarcar”, explica, porque cada trabajo apunta a una audiencia distinta: “Hay que entender que hay un público diverso, y hay que brindar la mayor cantidad de posibilidades al espectador. El problema es cuando se cierra esa posibilidad y sólo aparece lo que el mercado da. Ese ha sido el problema de la cultura en Argentina, la apelación a la cultura del mercado”.
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