Las vacaciones de invierno “congelaron” por unos días el serio conflicto institucional que se ha planteado a partir de lo que muchos consideran, en la propia Universidad, un “atropello” contra Medicina. Pero la situación está lejos de encauzarse y está, en rigor, en la antesala de una crisis que podría tener graves secuelas.
El consejo superior de la Universidad, con explícito aval del rectorado, arremetió contra Medicina por la queja de ingresantes que denuncian una exigencia demasiado elevada en los parciales del primer tramo de la carrera. Sin hilar muy fino (no pidieron, por ejemplo, informes ni precisiones a las autoridades de la facultad) el superior resolvió enviar “veedores” para supervisar la toma de exámenes en Medicina (colocando en una situación de extrema incomodidad a los profesores de esa casa) y exigir, además, que les den a los estudiantes de primer año la oportunidad de un segundo recuperatorio. ¿Habrá un tercero y un cuarto para los que no aprueben?
En estas horas, Medicina -notificada de esta resolución que incluye figuras “novedosas”, porque los veedores, por ejemplo, no están contemplados en el Estatuto- es un hervidero. ¿Aceptarán los profesores la imposición de ese segundo recuperatorio y la presencia de “vigiladores” mientras evalúan a los alumnos? Son preguntas que esperan respuestas.
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