ORLANDO A. FORESTIERI
Profesor titular de Ginecología en UNLP y coordinador de la especialidad Ginecología en el Hospital Italiano
Una encuesta que en el primer semestre de 2016 realizó la cátedra de Ginecología de la UNLP, reveló que alrededor del 62 % de mujeres adolescentes usan métodos anticonceptivos hormonales, expresados en las clásicas píldoras, y que el 43% de las mismas lo hacen sin consulta previa con un médico.
Entran en la escena amigas, consejos de terceros y profesionales no especializados en Ginecología.
El 45 % no se realiza exámenes ginecológicos periódicos de control y el 23% tuvieron una infección por HPV y no usan tampoco métodos de barrera.
La síntesis es preocupante porque la afectación de la salud reproductiva y general de este grupo etáreo implica un riesgos prospectivos: infecciones ginecológicas, riesgo de cáncer del aparto genital inferior (cuello uterino), embarazo no planificado cuando falla el método y HIV.
Otra situación importante lo constituye hoy el uso de la mal llamada “píldora del día después” o anticoncepción de emergencia. Es indicada frente a un coito no protegido y por falla del preservativo, dentro de las 72 horas de la relación sexual. Se basa en la toma de un comprimido que contiene levonorgestrel, derivado de la progesterona para inducir un ciclo.
Es importante señalar que, de haberse establecido un embarazo, el efecto del fármaco no provocará sangrado y el embarazo continuará su curso habitual.
El mismo trabajo de investigación realizado por la cátedra de Ginecología B reveló que alrededor de 64% de mujeres han usado la AE (anticoncepción de emergencia). Mujeres universitarias evaluadas que usaron más de una vez el fármaco desconocían que no es método anticonceptivo. Lo significativo fue que las usuarias en mayor porcentaje eran estudiantes de Medicina y Biología.
Durante la madurez sexual se incorporan métodos mecánicos como DIU (dispositivo intrauterino) y también uso de métodos hormonales pero por vías no orales: anillos vaginales, parches transdérmicos e implantes anticonceptivos.
Las innovaciones tecnológicas ofrecen esas posibilidades pero es menester seleccionar el caso, evaluar sus antecedentes ginecológicos y clínicos y de ahí en más indicarlos o contraindicarlos según corresponda.
El índice de Pearl ofrece una relación entre el uso de un métodos y los denominados años/mujer, mostrando según el método mayor o menor efectividad clínica.
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