“Niégate a sufrir por amor, declárate en huelga afectiva, haz las paces con la soledad, atempera la necesidad de amar por encima de todo y a cualquier precio y rescata tu amor propio, el primer gran amor a partir del cual se generarán los otros”, afirma el psicólogo Walter Riso en su libro “Manual para no morir de amor” .
“Si ya no te quieren, aprende a perder y retírate dignamente, ya que luchar por un amor imposible, nuevo o viejo, deja muchas secuelas”. Este es el primer principio de este psicólogo italiano, graduado en la Universidad de Colombia y master en bioética que, tras emigrar a Argentina con su familia y vivir allí muchos años, reside ahora en España.
“Cuando realmente ya no te aman, con independencia de las razones y causas posibles, hay que deponer el espíritu guerrero y no librar una batalla inútil y desgarradora; es mejor sufrir la pérdida de una vez que someterse a una incertidumbre sostenida y cruel”, aconseja el psicólogo.
El segundo consejo de este experto es que nunca te cases con el amante, “porque es como echarle sal al postre. Solamente un pequeño porcentaje de amantes que acaban casándose o se van a vivir juntos, mantienen una relación que funcione”, mantiene el experto.
“Despertar del éxtasis, reestructurar la locura simpática que mantenía viva la relación tiene sus consecuencia y contraindicaciones; es muy difícil reglamentar el amor pasional y que el hechizo no se rompa”, remacha Riso.
“También es común, en estos casos, -agrega- que la persona mantenga un lazo compensatorio con su ex pareja por lástima, responsabilidad moral o culpa, un aspecto que pone los pelos de punta al viejo amante transformado, especialmente, cuando el marido-esposa ofendido entra en crisis”.
“En ocasiones, los ex se convierten en una especie de apéndice: no cumplen ninguna función, son incómodos y habría que extraerlos de raíz si se quiere tener una vida saludable y en paz”, aconseja el especialista.
Para aquellos enamorados a quienes su pareja martiriza con el tan manido “ni contigo ni sin ti”, Riso aconseja que corran con todas las fuerzas lo más lejos posible y no salten al compás del otro, sino que sean rotundos y contundentes en el “se acabó”
“Si decides seriamente salirte del juego, notarás que, poco a poco, tus emociones empezarán a depender de ti: este proceso se conoce como ‘autorregulación’ y permitirá que la actitud dubitativa del otro te afecte menos, que te mueva, pero no te tumbe”, enfatiza este psicólogo clínico
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