Por | IRENE BIANCHI
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Twitter: @irenebianchi
- Chicas, ¿ustedes son partidarias de las parejas abiertas?
- ¿Pareja abierta? Ni idea de qué se trata.
- La de Elena Roger y Mariano Torre, por ejemplo. Se dan permiso para tener sexo con otros, con la condición que lo cuenten, que no lo escondan.
- ¡Me estás jodiendo!
- ¡No! ¡En serio! Parece que establecieron una especie de contrato.
- ¡Pero tienen una hijita en común!
- ¿Y eso, qué tiene que ver? De la nena se ocupan como corresponde, y reparten las tareas 50 y 50. Pero se toman libertades en materia sexual.
- ¿Como la peli “Permitidos”? ¿Esa que hicieron Lali Espósito y Martín Piroyanski, dirigidos por Ariel Winograd?
- Tal cual. Pero éstos lo vienen haciendo hace rato, y les funciona.
- ¿Y si en alguno de esos encuentros casuales, se enamoran de otro, o de otra?
- No sé. Estarán dispuestos a correr los riesgos. A no seguir juntos por rutina, por costumbre, sino a volver a elegirse todo el tiempo.
- Me da cosita. Y al mismo tiempo, me parece honesto. Porque no se están metiendo los cuernos. Nadie traiciona a nadie. Juegan limpio, de frente. Ni siquiera se celan. No se sienten propiedad del otro.
- ¿Será porque son ecologistas y vegetarianos, y les interesa tanto el medio ambiente?
- ¿Qué tiene que ver el culo con las pestañas, Mabelita? ¡Vos hacés cada asociación rara, amiga! Me cuesta seguir tu línea de pensamiento.
- Yo creo que es meterse en una zona peligrosa. Las comparaciones pueden resultar odiosas. Mirá si el ocasional está mejor dotado que el habitual…
- Además, en general, los tipos pueden separar el sexo de lo emocional. Nosotras mezclamos todo y nos enamoramos con un piropo y una sobada de lomo.
- Guadaña, nos llaman. Una afiladita y a los yuyos.
- Hablá por vos, Clari. Ese es un cuento que nos metieron en la cabeza. Un concepto machista.
- Coincido con vos. A Pampita, por ejemplo, nadie le perdona que lo esté pasando bomba, que se raje a Miami como quien va a Ezpeleta, ni que cambie de monta en cada escapada. “¡Qué mala madre!”, sentenciamos las minas, con el dedito acusador. De puro envidiosas que somos. A las cautivas de los prejuicios y de los mandatos ancestrales, nos da muchísima envidia la gente libre, que hace lo que se le canta, sin darle bola al qué dirán. Mucha.
- Parece que la Ardohain se enganchó con un hiper millonario, ¿sabían? Un tal Jean Paul …
- ¿Belmondo? ¡No! ¡Me muero! ¡El amor de mi vida! Je t’aime, mon amour!
- ¡No! ¡Pérez! Jean Paul Pérez se llama éste.
- ¡Me estás jodiendo! ¡No pega ni con cola! ¡Qué poco glamour!
- Poco glamour pero mucha mosca. Prácticamente, el dueño de Miami.
- ¡Qué exagerada! El magnate es el viejo de Jean Paul, no él.
- Bueno, ponéle. Pero este Pérez no es ningún ratón. Es el Príncipe Heredero.
- ¡Ay! ¡Disculpen pero me tengo que ir rajando, chicas! ¡Es urgente!
- ¿Qué pasó, Leti! ¿Alguna mala noticia?
- ¡Al contrario! ¡Mirá mi celu! ¡Apareció un Pokémon acá nomás, en 7 y 48!
- ¡Vamos todas! A ver si enganchamos algún humano en la volada. ¡Chin, chin!
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