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Maxi y Lorena, una conmovedora historia de amor que honra la vida

Por Redacción

Ella es enfermera y lo conoció en el hospital cuando él apenas podía mover los ojos. Boda en puerta

Por

Carlos Altavista

Con su dedo pulgar, ayudándose a veces con una birome, Maxi Kondratiuk teclea. La computadora es su voz. ‘Habla’ despacio pero sin vueltas. Y así, en su casa sencilla de un típico barrio de Berisso, aquel aguerrido defensor de Gimnasia que llegó a jugar en el ascenso del fútbol italiano, está terminando un libro con su historia. Que desde 2011 lo ha puesto a jugar un durísimo partido contra una rara enfermedad degenerativa que le quitó el habla y gran parte de la movilidad. Pero lo juega como cuando se calzaba la azul y blanca, como un “torito”, como él se define. Ese libro, sin dudas tendrá un eje vertebrador: el de un amor de película, profundo, conmovedor. El de Maxi (31) y Lorena (44), novia y futura esposa de un hombre que destila bondad, entereza, simpleza. Garra.

“Los amores cobardes no llegan a amores, ni a historias, se quedan allí”. Canta Silvio Rodríguez en “Oleo de una mujer con sombrero”.

Esta es una historia. Y de amor con mayúsculas. Entre un hombre y una mujer con mayúsculas. Y entre ellos y su pasión por la vida.

No transcurre en el cine. Crece día a día en un típico barrio berissense.

“Hoy te puedo decir que a pesar de todo lo que soy con mi enfermedad a cuestas, soy el hombre más feliz del mundo”

“Conocí a Lorena hace un año y medio, y lamento mucho no haberla conocido antes. Es mi faro”, escribe Maxi, mientras Martita, una simpática cachorra caniche duerme una larga siesta en sus piernas. “Me la regaló a mi. ¡Mentira! No se la puedo sacar un minuto”, cuenta Lorena. Maxi ríe. Se le ilumina el rostro.

Ese año y medio remonta a febrero del 2015. “Lo internaron en la sala 7 del Hospital San Juan de Dios, donde yo soy enfermera. El doctor Crespi, hepatólogo y especialista en enfermedades raras ya le había diagnosticado Síndrome de Wilson (ver aparte). Sólo podía mover los ojos, y un poquito la cabeza”, relata Lorena. Y pega un salto. “Así nos conocimos. Hubo empatía. Y nos enamoramos”, dispara.

Lorena llevaba 22 años de casada. Se separó. “Mi familia, de Mar del Plata, ya lo conoce. Mi hija Paloma (20), se lleva muy bien con él. Y con su ex esposa y mamá de su hijo Santino (6), tenemos una relación excelente”, dice, luego de comentar que tuvo que escuchar “preguntas incómodas”. Allá ellos. Porque su amor es valiente. Y llegó a historia. Que Maxi guarda en el libro que está a punto de terminar.

“Hoy te puedo decir que a pesar de todo lo que soy con mi enfermedad a cuestas, soy el hombre más feliz del mundo”, teclea el corpulento zaguero central que en su carrera también pasó por Villa San Carlos, Atlanta y San Martín de San Juan, con el cual logró el ascenso en la temporada 2006-2007.

“¡Qué jugador! Tenía una estampa imponente. Recuerdo que en esa época (2001, 2002) jugaba la reserva antes de la primera, y uno podía ir viendo a los pibes que prometían. Y Maxi era un elegido. Un seis de aquellos”, rememora Gabriel Lázaro, dueño de toda la vida de algún espacio en algún tablón de la ochava del estadio tripero que da a la diagonal del Bosque.

Pero Maxi aclara que si bien era defensor central, la “mayoría de las veces jugué de tres (lateral izquierdo)”.

primer capitulo, italia

El libro arranca “desde mi último mes en Italia”, dice. Fue en 2011, cuando pintaba muy bien en el Lariano Calcio de la segunda división de aquel país.

Hasta que un día se descompensó. Vuelta a Argentina, a Berisso. Diagnóstico certero del doctor Crespi. Y a empezar de nuevo.

“Con una entereza, un sentido del humor, envidiables. Es brillante, amoroso”, expresa Lorena, quien parece no encontrar más palabras para describirlo.

“A Italia fui a probar”, narra Maxi, quien no olvida que tuvo que “comerse” seis meses de papeleo hasta poder jugar.

“Viví en Zagarolo, a 30 kilómetros de Roma, y en Nardo, a 10 kilómetros de Lecce”, comenta.

De hecho, el Loriano Calcio, donde jugó, está situado en la región de Lazio de la provincia romana.

querido estrella

¿Y tu infancia? Lorena prepara café. Martita sigue durmiendo. Maxi asegura que “de mi infancia tengo los mejores recuerdos, lo que más me queda es el paso por el fútbol infantil de mi querido Estrella de Berisso, donde empecé a los 3 años”.

Siempre vivió y vive en el mismo barrio. Calle 13, en dirección al monte ribereño, a tres cuadras de pleno centro berissense.

Entró a Gimnasia en prenovena, a los 12 años. A los 18, el 15 de junio de 2003, saltó del banco de primera al césped para reemplazar al volante ofensivo Germán Castillo. Fue su debut en la máxima división, de la mano de Carlos Ramacciotti. “Le ganamos 1 a 0 a Chacarita”, apunta, y a la hora de expresar cómo lo vivió, teclea “uffff, muy emotivo, cero nervios y mucho disfrute”.

para ayudar a otros

¿Cuándo decidió Maximiliano Kondratiuk convertir su historia en un libro? “Cuando me di cuenta de que me había pasado absolutamente de todo. Pasé por tristezas, alegrías, intentos de suicidio, abandonos, y tantas otras cosas que me dije, esto es digno de ser contado’’, responde.

El objetivo del libro es “sin dudas -subraya- ayudar a otros”. A no dejarse vencer, a no caerse. Porque si bien la pasó muy mal, como él puntualiza, encontró motivos de sobra para seguir. Para trazarse proyectos “movilizado por dos personas, mi hijo Santino y mi prometida Lorena, que en verdad me salvó la vida”, realza.

Empezó a escribir el libro en agosto del 2015. Ya hay posibilidades dando vueltas para publicarlo. Mientras, sigue a paso firme con su rehabilitación.

Y lee, mira películas, documentales y “varias telenovelas”, lo carga Lorena. Maxi vuelve a reír con ganas.

Pero la redonda no aparece mucho tiempo en la pantalla de su tele. “Sinceramente no miro fútbol. No me atrae”, confiesa.

A quien sí lo atrae y mucho es a su hijo Santino. Seis años, alumno del Colegio Monseñor Alberti y promesa de gran jugador.

Mira y conoce todo sobre las ligas europeas. Se queda entrenando después de hora en el Centro Vasco de La Plata para “pegarle con las dos”, ya que es zurdo. Ahora, su mamá habló con Maxi y decidieron que vaya a Crisfa -14 y 71- para que tenga “un poco más de potrero”.

“Lo internaron en la sala 7 del Hospital San Juan de Dios, donde yo soy enfermera. Sólo podía mover los ojos y un poquito la cabeza”, relata Lorena. Y pega un salto. “Así nos conocimos. Hubo empatía. Y nos enamoramos”

Su padre hoy cuenta que en su momento se anotó en la carrera de ingeniería civil. Pero llegó el momento de decidir. Estudio o fútbol. Era una gran promesa, ya tenía su primer contrato, y optó por jugar. Aunque su vocación pasaba por la “ingeniería”, apunta Lorena, quien señala que están en campaña para conseguir que “siga su tratamiento en una (prestigiosa) fundación de la ciudad de Buenos Aires”, y para “avanzar en una aplicación que le posibilite manejar la computadora con su voz y su vista”.

el empuje del cariño

“Maxi, honrar la vida”. Así se llamó la jornada que el 5 de julio del año pasado tuvo lugar en el estadio del Bosque en beneficio de Maximiliano.

Organizada por el empresario Guillermo Marín, el club y ex futbolistas como Troglio, Francescoli, Ruggeri, Gustavo Barros Schelotto, el evento fue multitudinario y reunió más de 10 mil personas.

Luego recibió el apoyo del Club Atlanta y hasta de Patronato de Paraná, además de Futbolistas Agremiados.

En octubre último, los alumnos de la Escuela Técnica Nº 1 de Berisso adaptaron a sus necesidades una aplicación para celulares y tablets. El 8 de ese mes invitó al colegio a sus hermanas porque era un momento “muy importante”.

“Gracias”. “Un placer”. Lo escribió Maxi el día del partido. Lo hizo en la escuela. Lo hace siempre. Es un agradecido. “Realmente, como decía el eslogan del partido, él es alguien que honra la vida”, enfatiza Lorena. Vida que para el ex jugador “cambió 180 grados” gracias a su novia.

Es un ida y vuelta permanente. “Aunque discutimos como toda pareja. Por ejemplo, ayer no vine porque me peleó”, contó el jueves Lorena María Leticia Ramella. Una vez más, Maxi rió con ganas.

Y tecleó: “Yo siempre preferí ser recordado como buena gente antes que por ser un buen jugador”.

Eso no lo sabía Lorena en aquel febrero del 2015, cuando él ingresó sin mover más que sus ojos a la sala 7 del San Juan de Dios. Pero después supo que era “la persona más maravillosa”. Se enamoró. Se enamoraron.

La boda tiene fecha: 25 de noviembre del 2017. El salón ya está reservado.

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