RIO DE JANEIRO, BRASIL
ESPECIAL
Por PEDRO GARAY
“Donde hay que apostar es al deporte de mujeres”, dijo Paula Gergo, coordinadora técnica del Enard, en Toronto: iba del aeropuerto a ver a Paula Pareto competir, como siempre, en el primer día de Juegos, y charlábamos sobre el futuro en el auto en el que me daban un aventón.
Lo que decía Gergo tenía dos razones: la primera, explicaba, que en algunos deportes femeninos hay todavía mucho espacio para crecer a nivel mundial, lo que significa más oportunidades para ser de elite; en segundo lugar, porque es un área del deporte argentino que, por mil razones, partiendo de las culturales, tiene mucho por desarrollar.
Tanto, que de las 19 medallas de oro cosechadas por Argentina en toda su historia, la de Paula Pareto fue la primera conseguida por una mujer, ya sea a nivel individual o por equipos.
La historia ofreció algunas chances que no llegaron a ser doradas: Jeanette Campbell en Berlín 36, Noemi Simonetto en Londres 48, Sabatini en Seúl 88, y, claro, el hockey en 2000 y 2012 quedaron a un paso: por cercanas, aquella volea de Gaby que fue out sigue doliendo, como las dos finales de Las Leonas, que buscan cerrar esa herida en Río.
Llegar al oro olímpico desde el Sur parece ser particularmente complejo, y más aun en los deportes individuales: el taekwondista Sebastián Crismanich fue en 2012 el primer oro olímpico individual en 64 años, cuando Delfo Cabrera se consagrara en la maratón de Londres 1948.
En aquellos años otro deporte individual era potencia: el boxeo dio a Argentina 7 oros, pero ninguno desde Helsinki 52. Desde esos Juegos, donde Tranquilo y Capozzo fueron oro en remo, hasta Arenas 2004, con el doble oro del fútbol y el básquet, no hubo más oros olímpicos.
Cifras, apellidos del pasado, datos fríos que esconden una realidad: que cada medalla de oro cosechada por Argentina de carácter excepcional, casi milagroso, conseguida con una perseverancia a prueba de mil obstáculos. Como la de Paula Pareto.
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