“Me parece que las mujeres y los hombres tenemos las mismas capacidades para negociar. Pero a veces a las mujeres nos cuesta más llegar a ocupar determinado puesto.
Nuestro sindicato, en particular, tiene una fuerte impronta femenina, pero en otros a las mujeres les cuesta más llegar.
En nuestro gremio, cuando negociamos salarios siempre del otro lado hay una mayoría masculina. Cuando tratamos cuestiones pedagógicas, en cambio, la mayoría son mujeres.
Para mí es indistinto negociar con un hombre o con otra mujer. Sin embargo, cada tanto aparece una cuestión machista.
Está esta cosa de “No te pongas histérica”. A un hombre que levanta la voz no le dicen eso.
Con esa frase te quieren encasillar en un lugar. De esos lugares siempre salí sin desviarme de mi objetivo. No me engancho en esas cuestiones, pero pasan.
Las mujeres tenemos una cuestión de tozudez muy grande. Mucha fortaleza. Estamos muy preparadas para defender lo que nos interesa”.
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