Susana Giménez, Mónica Gonzaga, Jorgelina Aranda, Diana María, Selva Mayo, Dorita Delgado... mujeres muy deseadas de la farándula argentina y que tienen algo en común: forman parte del extenso prontuario amoroso de Humberto “Cacho” Castaña, quien, ahora, dice que ha puesto punto final a sus correrías románticas.
“Soy un pobre objeto sexual, te usan y te tiran. Y uno sigue siendo un lírico en el fondo porque uno cree en ellas, uno va con ellas a la cama, esperanzado en que no se termine ahí pero no, te dejan en la puerta de tu casa y al otro día, por ahí, ni te llaman. Es terrible”, llegó a afirmar siempre risueño el “Matador”, emblema del conquistador masculino del siglo pasado, un “versero lindo”, como lo definió su amiga (y solo eso, en ese caso), Valeria Lynch.
A fuerza del uso de la palabra, una sonrisa a prueba de cinturones de castidad y la camisa siempre abierta en el pecho, Cacho se convirtió en el atorrante más querido del país, conquistando incluso lo prohibido y haciéndole frente a la muerte antes de su internación por EPOC al desafiar a maridos y novios en su conquistar.
“En realidad he estado con muchas parejas estables y duraderas, pero en el medio de las crisis aparecieron algunas historias fugaces que hicieron una fama desmedida”, dice el galán con humildad, aunque acepta que “me siento un gran seductor, pero sólo por mirar a una mina después me inventaban muchas historias que yo mismo me sorprendía por la imaginación”.
Las travesuras de Cacho comenzaron temprano. En 1978 se casó con jóvenes 36 años con la artista Diana María, primera de sus tres mujeres, pero en 1980 filmó “La discoteca del amor”, un gran éxito cinematográfico, y en el set conoció a la vedette Mónica Gonzaga. Fue amor a primera vista: el romance con Diana estaba roto tras apenas seis meses de matrimonio y Mónica terminó de liquidar la relación.
“Tardó muchos años para perdonarme que me fuera con Mónica Gonzaga, una de las mujeres más importantes en mi vida amorosa”, reconoció Castaña, para quien la vedette fue “la única con la que alguna vez pensé en tener un hijo” antes de, claro, Marina.
Castaña tuvo que disputar el amor de la vedette con el cantante español Julio Iglesias, y triunfaría. Al final la relación terminaría tras un lustro pero, ganador siempre, Cacho mantuvo tan buena relación con Gonzaga (como con la mayoría de sus ex mujeres) que la morocha incluso se le insinuó en los últimos años. Sin embargo, aquel lío romántico terminó como empezó: con infidelidades. La cachetada que Mónica le dio en el rostro cuando se enteró de su affaire con su secretaria (“Estaba buenísima”, llegó a decir) todavía estremecía a Cacho cuando presentó su biografía, en febrero pasado.
SUSANA
En ese libro, Castaña reveló además una de sus más conocidas aventuras: el affaire que mantuvo con Susana Giménez, mientras ella salía con el temible boxeador Carlos Monzón. A pesar de que el cantor siempre dijo que Su estaba en un “impasse”, reconoció que “tuve que salir escondido en un baúl para que Carlos Monzón no me descubriera”. “Un hombre caliente es capaz de hacer cualquier cosa”, afirmó sobre aquel riesgo que corrió su vida entre risas.
“La “Su” es una gran mujer que ocupa un buen capítulo adentro de mi corazón. Nos enamoramos trabajando juntos en una temporada de teatro en Mar del Plata. Ella estaba en un impasse con el Negro Monzón y mientras duró fue muy lindo. Nos teníamos que esconder en todos lados y hasta tuve que viajar en baúles de autos para que no nos descubrieran. Duramos siete meses de amor desenfrenado, nos besábamos en los camarines y nos quedó una gran amistad a través del tiempo. Ella después volvió con Monzón y yo tomé otro camino”, le dijo al diario uruguayo El País.
Hombre de la noche y de los placeres, con el tiempo a Cacho “se le juntó el ganado” y llegó a salir con la consuegra de Susana, Jorgelina Aranda (“fue puro fuego”) y también con Silvia Peyrou, con quien todo terminó “muy mal, porque me quiso anotar a un hijo que no es mío. Ella me mintió diciendo que el embarazo era mío y cuando nació Santino le di mi apellido como corresponde a cualquier padre digno… Después me enteré que el chico no era mío y lo denuncié judicialmente”.
Cacho dedicó además “Balada para una vedette” para otra diva argentina, “la bellísima” Moria Casán, y pudo haberle puesto letra a cuatro tangos de Mariano Mores, uno de sus sueños, si no hubiera osado darle un “piquito” a su nieta, Mariana Fabiani. Su amor por las mujeres siempre fue más poderoso que todo, y quizás por eso llegó a sostener en la presentación de su biografía (¡meses antes de casarse!) que “la monogamia es una mentira. Con todo lo que hay para elegir en la vidriera, uno no puede quedarse con una sola”.
MAS BODAS
Sentencia a pesar de la cual Cacho va por su tercera boda: en 2006 Castaña se casó con la hija de su mejor amigo, Andrea Sblano, de quien se llegó a decir que en realidad era ¡su hija! Aquella relación terminó en 2011, tras lo cual Castaña conoció a Marina Rosenthal, su actual mujer y quien lo acompañó durante su coqueteo con la muerte a causa de su enfermedad pulmonar.
“Sólo pensé que ella se merecía que le propusiera ser mi esposa”, le dijo Cacho antes de casarse a la revista Gente, donde agregó que “yo le propuse casamiento a una mujer maravillosa, que me contiene y por quien me siento amado. Siempre amé, pero es la primera vez que me sobrepasa lo que me devuelven del otro lado. Me siento amado, a Marina le debo mi vida. Quizás antes no me di cuenta que me amaban, o no me amaron, pero es la primera vez que me siento amado, a los 74 años, así que esto recién empieza. Uno también va cambiando en la vida, la manera del actuar, de pensar, no de sentir”.
Al parecer, este es el episodio final de su biografía que comienza con el texto: “Soy Cacho Castaña, nací un 11 de junio, tengo 73 años; 150 de una persona normal”. Pero, con su corazón atorrante, nunca se sabe...
SUSCRIBITE a esta promo especial