En 1960 se realizaron los Juegos Olímpicos en Roma. En esa ocasión se trasmitió el evento en vivo en el cine Bosquet-Gaumont de París. Eric Romher fue a ver esa transmisión y creyó legítimo hacer una crítica cinematográfica de aquello que si bien no era una película, se proyectaba en un cine y era digno de un análisis artístico y audiovisual.
Esta vez, los juegos olímpicos Rio de Janeiro 2016 no se proyectaron en los cines. Pero sí se pasaron por televisión en pantallas de alta definición, donde por lo general ahora vemos películas, mucho más que en los cines.
Los adelantos tecnológicos y la necesidad de sumar espectadores hicieron que vayan evolucionando visualmente las transmisiones. Es más, decididamente estas evoluciones fueron efecto de sensibilidades cinematográficas en particular, ya que se ha empezado a contratar a directores de cine renombrados para las fiestas de inauguración y clausura. Por ejemplo, para Pekín 2008 de contrató a Zhang Yimou (Ni uno menos, Héroe), en Londres 2012 la trasmisión estuvo a cargo de Danny Boyle (Trainspotting, ¿Quién quiere ser millonario?) y en Rio 2016 dirigió Fernando Meirellles (Ciudad de dios, Ceguera).
Un nuevo recurso apareció en estos juegos olímpicos. Un travelling, o sea un desplazamiento total de la cámara, que sigue de frente a los nadadores. Por ejemplo, en las muchas carreras de Michael Phelps (multi dorado ganador) pudimos seguirlo por primera vez bien de cerca en el momento mismo de su competencia. Nunca estuvimos tan próximos a su cabeza. Nunca le seguimos el ritmo tan a la par como ahora. Nunca lo sentimos igual. No porque no conozcamos las historias heroicas y sacrificadas de los personajes, sino porque visualmente se nos dio la posibilidad de sentirlo.
Sin dudas otro de los grandes
personajes en cartel era Usain Bolt. El hombre más rápido del mundo, quien tiene
el record de los 100 y 200 metros llanos. Sólo a través del estudio visual analístico de
las múltiples cámaras que lo siguen podemos realmente ver los detalles de su
carrera. La sobrada distancia que les lleva a los demás adquiere un drama
específicamente visual, ya que el dato real de 0,08 décimas de segundo de
diferencia no nos dice absolutamente nada. Por eso solo a partir de las imágenes
vimos que en los 200 metros no ganó contento. Por más que luego sonrió para la
gente y ante los reporteros se mostró satisfecho, sabemos muy bien que no
festejó primeramente. Frunció la cara, bajó la vista, luego con las manos
abiertas miró al cielo gritando. Con esta mínima acción sentimos que Bolt ya no
corría contra sus competidores. No corría contra él mismo. Ni si quiera corría
contra el tiempo. Esta vez, corría contra el paso del tiempo. A esta edad ya no
pudo superar su marca. Está más viejo. En esta película, con aparente final feliz,
sin dudas perdió.
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