Desde hace varios años, el implacable avance de la salinización de las napas locales venía provocando dolores de cabeza -y un sabor extraño en la boca- a los vecinos del norte y el este platense. El año pasado el problema volvió a salir a la luz con las sucesivas presentaciones de los vecinos de Gonnet (ver nota principal), quienes denunciaron que de las canillas de sus hogares el agua salía con tres veces más de sal que lo permitido.
Se trataba de lo mismo que les había ocurrido a inicios de 2013 a los vecinos de Villa Castells -entre 10, 12, 498 y 503-; por entonces, las plantas sometidas a riego periódico se secaban inexplicablemente, y las piletas mostraban un sedimento blanquecino.
Respecto a lo ocurrido en la zona de 487 y 21, a fines del año pasado Absa reconoció que “el abastecimiento de agua de la localidad de Gonnet presenta algunas características particulares que hacen necesaria una fuerte inversión en materia de infraestructura pesada”.
Los voceros precisaron que “en ese sector de la ciudad hay algunas perforaciones de abastecimiento que se encuentran ubicadas cerca del frente salino subterráneo, y que influenciadas por esta masa de agua de origen marítimo deben ser desafectadas, como sucedió con las bombas ubicadas cerca del club Universitario y las vías del ferrocarril”.
Por entonces, en la empresa apostaban al avance del Plan Estratégico de Agua y Saneamiento (PEAS), como solución definitiva y que prevé, entre otras obras complementarias, una nueva planta potabilizadora para depurar las aguas del Río de La Plata.
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