Una nueva biotecnología, los "impulsores genéticos" (gene drives, en inglés), capaz de extinguir totalmente una especie de entidades vivientes, inclusive los insectos, fue perfilada por los ambientalistas como potencialmente peligrosa. Ocurrió en la reciente conferencia anual del Congreso Mundial de la Conservación, que sesionó los primeros días de septiembre en Oahu, Hawai, y atrajo a una multitud de científicos conservacionistas y representantes gubernamentales. El Grupo de Trabajo de la Sociedad Civil sobre Impulsores Genéticos expresó: "Imaginemos que al liberar una sola mosca en el ambiente pudiéramos alterar genéticamente todas las moscas del planeta, ocasionándoles que se vuelvan amarillas, que transporten una toxina o se extingan".
Bajo esta premisa, de un potencial extremo e irreversible, se anida según las alarmas una nueva y controvertida tecnología de ingeniería genética que puede alterar permanentemente especies enteras liberando en el ambiente un solo individuo bio-diseñado específicamente. Silvia Ribeiro, experta de la entidad internacional ETC (Grupo de Acción sobre Erosión, Tecnología y Concentración), sostuvo al respecto: "¿Quién lo decide? ¿cómo afectará las cadenas alimentarias y los ecosistemas?" Y alertó: "Esta arma transgénica ya existe y, aunque está en prototipo, su desarrollo ocurre a un ritmo vertiginoso, dejando muy atrás cualquier regulación de bioseguridad y consideraciones ecológicas, éticas, sociales o económicas".
El Grupo ETC se dedica a la conservación y promoción de la diversidad cultural y ecológica y los derechos humanos, e inició sus actividades hace 25 años en Canadá, como RAFI, Fundación Internacional para el Avance Rural. Actualmente, ETC promueve el desarrollo de tecnologías socialmente responsables que sirvan a los pobres y marginados, y también trabaja en cuestiones de gobernancia internacional y monitoreo del poder corporativo. En una serie de comunicaciones, la entidad destaca que se está ante una tecnología biológica apuntada a provocar la extinción de especies específicas predeterminadas.
Ante tal situación, Ribeiro destacó que 30 personalidades del ámbito científico, ambientalistas, abogados, líderes indígenas y otros publicaron un llamado a poner un alto a este tipo de propuestas, en particular a la tecnología de "impulsores genéticos". Entre los firmantes -que incluyen a Jane Goodall, David Suzuki, Vandana Shiva, Víctor Toledo y Alejandro Nadal- están las presidentas de la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad, Elena Álvarez-Buylla, México, y Angelika Hilbeck, Alemania, de la Red Europea de Científicos por la Responsabilidad Social y Ambiental. La entomóloga Hilbeck señaló en Oahu que "los impulsores genéticos son a todas luces una tecnología que se propone exterminar especies".
Y remarcó que, aunque le pueda parecer a algún conservacionista profesional una "buena solución" para situaciones complejas, hay altos riesgos de consecuencias no intencionales, que podrían ser peores que el problema que tratan de resolver. Los "impulsores genéticos" se basan en una neo-tecnología que es una construcción transgénica que "engaña" a la naturaleza para que las especies de reproducción sexual (plantas, insectos, animales, humanos), pasen forzosamente un gen foráneo a todas las generaciones posteriores.
"Caminamos ciegos hacia delante. Estamos abriendo cajas sin pensar en las consecuencias y nos caeremos de la cuerda floja y perderemos la confianza del público", comentó el científico Kevin Esvelt, del prestigioso Instituto Tecnológico de Massachusetts. Por su parte, la ecologista hindú Vandana Shiva enfatizó que "el proyecto de exterminar deliberadamente especies es un crimen contra la naturaleza y la humanidad. Desarrollar herramientas de exterminio con el pretexto de salvar al mundo es un crimen. Un crimen cuya continuación no debe permitirse," agregó la especialista.
En cuanto a una potencial ruptura del tejido ecológico, el manifiesto de los 30 científicos señala que "los impulsores genéticos están diseñados para crear cambios poblacionales a gran escala y para impactar intencionalmente ecosistemas enteros. Y plantean: "Sabemos muy poco sobre cómo es el tejido de la vida ¿Estamos realmente listos para dar pasos tan radicales que alteran el curso de la evolución? Es imposible predecir las consecuencias ecológicas de un trastorno que no tiene precedentes, con tal rapidez y masividad." Advierten finalmente.
"Eliminar una plaga puede parecer atractivo, pero incluso las plagas tienen un lugar en la cadena alimenticia. Adicionalmente, erradicar una especie puede abrir espacio de maneras impredecibles, para la expansión de otras especies que podrían transmitir enfermedades, afectar la polinización o amenazar la biodiversidad de otras formas,"
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