También, según Management & Fit hay casos claramente antagónicos respecto a los compradores, como la provincia de San Juan, quien destina casi tres cuartos de sus exportaciones a Canadá como consecuencia de la actividad minera de esa región.
Aún así, las provincias más grandes son las menos abiertas. Los distritos con mayor peso económico o más densamente poblados son los que menos exportan en términos relativos.
En efecto, la provincia de Santa Cruz lleva exportado casi 3.000 dólares por habitante en la primera mitad del año, mientras que en la Ciudad de Buenos Aires ese ratio alcanza apenas los 52 dólares. Esto demuestra que las provincias de menor peso están fuertemente especializadas (energía y minerales) y más abiertas al comercio exterior en relación a los distritos con mayor significado económica.
Si bien la inserción internacional es bienvenida, la dependencia (casi) exclusiva de esos mercados sin un componente interno convierte a estos distritos más vulnerables frente al contexto global.
La complejidad de los productos exportados es otro foco de debate. La incorporación de valor agregado o tecnología a la producción local permite no sólo desarrollar sectores conexos y generar nuevas fuentes de trabajo, sino también incrementar la productividad y, con eso, la retribución de los factores productivos (salarios). En este sentido, considerando el capital humano y la tecnología incorporada a los bienes exportados, se puede determinar que la provincia de Buenos Aires y la Ciudad de Buenos Aires muestran el mayor nivel de complejidad.
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