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Paternidad post-mortem: debate ético frente a las posibilidades de la ciencia

Mientras los detractores de la fecundación post-mortem invocan los derechos del niño que se pretende crear, otros hablan de salud reproductiva y la defienden.

Por Redacción

Cuestionamientos bioéticos y vacíos legales frente a las posibilidades de reproducción asistida

A partir de las posibilidades que abren los avances científicos, la idea tradicional de la forma de concepción humana y los “viejos” modelos de familia comienzan a trastabillar. Las “solidas certezas” que sirvieron de base a distintos pensamientos, y sobre las que se alzaron modelos de vida, actualmente muestran sus grietas y despiertan polémica alrededor. Frente a las situaciones que se abren aparecen defensores, detractores, cuestionamientos éticos y vacíos legales.

Recientemente un fallo reavivó el debate por la fecundación post-mortem: una jueza autorizó a una mujer a someterse a una inseminación con semen de su marido muerto. El hombre fue víctima de la tragedia de Flores que ocurrió en 2011, cuando un tren embistió a un colectivo de línea. La extracción de esperma se hizo 9 horas después de la muerte. Y ahora, casi cinco años después, la viuda consiguió el aval para usarlo.

La jueza argumentó su fallo en función de que “no es una técnica prohibida” y en el deseo del hombre de tener hijos: se basó en los testimonios que aportaron una hermana, la madre y una compañera de trabajo del hombre. Los relatos coincidían en que “su gran sueño” era convertirse en padre.

La jueza también se apoyó en el consentimiento que él había firmado en una clínica de reproducción. Aunque éste no contempla expresamente la posibilidad de continuar con las técnicas de fecundación luego de producirse la muerte de alguno de los involucrados.

Frente a este tipo de situaciones, se abren dos debates: uno desde la bioética y otro de tipo legal, porque a pesar de la reforma del código civil todavía existen muchos vacíos legales frente a la inseminación post-mortem.

“Desde la bioética creemos que no hay una objeción moral porque hay una voluntad procreativa, que quedó manifiesta a partir de los testimonios”, señala José Luis Mainetti, médico especialista en bioética. De todos modos, el especialista plantea que desde 1978 cuando, en Inglaterra, nació la primera bebé de probeta (Louise Brown) los sectores más conservadores, algunos ligados a la iglesia católica, se manifestaron contra la manipulación genética. Como contracara, posiciones más abiertas hablan de ‘salud reproductiva’.

Los detractores de la fecundación post-mortem invocan los derechos del niño que se pretende crear. Plantean que frente a la libertad de la viuda para continuar con su proyecto de maternidad se encuentra la privación del derecho del hijo a tener un padre.

“El tema de la familia compuesta por una mamá y un papá dejó de ser un punto valido para oponerse a estas técnicas porque cambiaron los modelos familiares”, dice Mainetti.

El médico Juan Carlos Caprile, especialista en bioética, profesor de la Universidad Católica de La Plata opina en sentido contrario: “Existe una comercialización indiscriminada con la donación de óvulos, espermatozoides, embriones y el alquiler de útero, agravado por la maternidad y la paternidad sustitutivas. Se les dá la posibilidad de tener hijos a parejas de homosexuales y a varones o mujeres solteras o viudas. Y la criatura es condenada de antemano a vivir una situación mono parental”.

Caprile va más allá y se muestras en contra de las técnicas de reproducción asistida en cualquier variante: “En cada sesión del procedimiento se fecundan de 6 a 8 óvulos simultáneamente en las probetas de los centros especializados. Los embriones resultantes son seleccionados genéticamente para la implantación de sólo uno o dos de ellos en el útero de la madre. Los que padecen alteraciones congénitas son eliminados o congelados y permanecen largo tiempo en ese estado indigno y anti-natural”.

Desde la perspectiva legal, la situación no es menos compleja. La abogada, especialista en derecho de familia, Adriana Mascaró explica que si bien el nuevo código civil que rige a partir de agosto de 2015 regula los efectos filiatorios de las técnicas de fecundación asistida, no resolvió de manera concreta el tema de la filiación post-mortem.

“En el anteproyecto de reforma al Código el tema estaba contemplado, pero debido a las criticas que se generaron, fue quitado su tratamiento en el debate de la Cámara de Senadores y finalmente no se reguló sobre el asunto”, cuenta Mascaró.

Por otro lado, en el nuevo código se dispone que quienes “en los supuestos de procreación asistida prestan un consentimiento previo, libre e informado ante el centro de salud interviniente” para someterse a alguna de esas técnicas “serán los padres del nacido”. Y permite la dación anónima de gametos (células sexuales) y autoriza un muy restringido acceso a los datos del dador por parte de las personas concebidas por fecundación artificial. También se afirma que “la protección del embrión no implantado será objeto de una ley especial”, que todavía no fue legislaba.

La abogada cuenta que hasta la fecha los Tribunales tuvieron que resolver conflictos que involucraron casos de fertilización post-mortem, donde en líneas generales se autorizó la practica en base al principio general del derecho que establece que lo que no está prohibido, está permitido y a las disposiciones del artículo 19 de la Constitución Nacional.

La situación de la procreación post-mortem en otros países es variada: en Suecia está prohibida, en Alemania, Francia e Italia no está permitida, presenta algunas limitaciones en Portugal y en Reino Unido, y en gran parte de Estados Unidos falta regulación.

Juez

Para una fecundación post-mortem se necesita la autorización de un juez que avale el procedimiento

4.000

Es el costo anual del mantenimiento del semen congelado

8.000

Es el costo que tiene congelar semen, luego hay un gasto anual de mantenimiento

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